Adiós, disco USB…

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Durante próximamente unos quince años han formado una parte practicamente permanente de vuestro escenario tecnológico. Los discos USB® o flash drives fueron inventados en IBM® en el año 1998 como una opción a los diskettes para los míticos portatiles ThinkPad: IBM® publicó un disclosure al respecto el mismo año 1998, sin embargo no patentó el invento, y contrató para su layout y fabricación no exclusiva a la compañia israelí M-Systems, que sí registró la correspondiente patente, y varias mas en torno a ello.

Los primeros discos USB® fueron fabricados con el nombre Disgo, en capacidades de 8MB, 16MB, 32MB y 64MB. Al ser un producto de layout y fabricación muy simple, fue inmediatamente copiado por creadores asiáticos, que comenzaron a vender productos similares a precios cada vez menores. En muy poco tiempo, se popularizaron tanto que pasaron a ser un soporte usual para merchandising, una forma de distribuir datos y presentaciones en eventos, o un objeto que varios llevábamos practicamente siempre en algún saquillo o maletín. En el IE, el 1° disco USB® lo llevé yo en un saquillo en el año 2002, y tras verificar que en aquella época, los conectores USB® de las clases estaban deshabilitados por seguridad, lo llevé al distrito de soporte para que lo evaluasen, donde tomaron la decisión de habilitarlos en cuestión de escasas horas. En muy poco tiempo, se habían transformado en ubicuos: el objeto en el que la inmensa totalidad de los profesores y alumnos llevaban sus datos y presentaciones… y el mas frecuentemente olvidado en los computadores de las clases. En la foto, una pequeña porción de mi colección de discos USB: cada vez que viene uno a casa, lo metemos en una caja, en la que creo que debe haber tanto almacenamiento, que si los conectásemos todos, podríamos montar un pequeño datacenter 🙂

En varios sentidos, la popularización del uso del disco USB® en el IE fue, realmente y visto en retrospectiva, un paso atrás: en aquella época, la infraestructura tecnológica de la home ya prometía a todos los profesores un directorio asequible sencillamente desde cualquier sitio en el que almacenar sus datos y presentaciones, que cumplía perfectamente la misma función de una forma sensiblemente mas segura y sin inconvenientes dignos de mención. Sin embargo, la comodidad percibida del disco USB, su ubicuidad y su bajo costo decidio una adopción rapidísima, sin que necesariamente fuese la preferible opción o la mas segura.

Ahora, la misma compañia que los inventó, IBM, acaba de prohibir su uso a sus empleados, generalizando y oficializando una política que varios departamentos habían adoptado ya hace algún tiempo. Las deducciones son evidentes: los sistemas de archivamiento portatiles suponen un riesgo de protección significativo y muy poco controlado. La “promiscuidad” de esos aparatitos, que van por todas partes enchufándose en cualquier puerto sin precauciones, puede acarrear desde la transmisión de virus o aplicaciones maliciosos, hasta su simple pérdida, con riesgo de publicación involuntaria de documentación corporativa potencialmente sensible. Cuando alguien localiza un disco USB, lo usual es que lo enchufe para verificar su contenido (sea para borrarlo y quedárselo, o para intentar proceder a su devolución), y pese a que su contenido puede protegerse con passwords o cifrado, la realidad es que muy poca masa lo hace.

El sustituto natural de los discos USB® es, lógicamente, una nube cada vez mas ubicua. Cuando comenzamos a usar este tipo de almacenamiento, la opción de conectarnos a la nube era, como mínimo, comprometida: ni el ancho de banda habilitada era el que es ahora, ni teníamos, en varios casos, certificado de tener conexión cuando la necesitásemos. Hoy, en la totalidad de los casos, esos problemas están razonablemente solucionados, lo que convierte a los todavía ubicuos discos USB® en una solucion obsoleta, que promete mas posibles inconvenientes que ventajas, y que en varios casos, como en el de la ultima generación de portatiles Apple, que solamente equipa conectores USB-C, obliga a usar un adaptador. En no mucho tiempo, observaremos los discos USB® como hoy vemos un diskette, un equipo del pasado que solamente nos evoca una cierta ternura y al que recurrimos solamente en caso de necesidad. Si todavía los utilizas habitualmente, vete pensando en el servicio en la nube con el que podras sustituirlos, o en alguna otra opción mas razonable y mas acorde a los tiempos.

 


Enrique Dans



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