Airbnb en Nueva York: muchos ojos mirando…

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El Senado del Estado de Nueva York presentó el pasado viernes una ley que prohibe el alquiler de apartamentos en régimen de corta duración, y obligaría a los alquileres a tener una duración mínima de treinta días. La redacción, que esta concebida directamente como una auténtica “ley anti-Airbnb“, se encamina ahora a la mesa del gobernante Andrew Cuomo, a quien pertenece la decisión de aprobarla o de vetarla, e impondría multas de mil dolares a los infractores, que se elevarían a $ 5,000 y a ¢7,500 en caso de reincidencia.

Nueva York es una de las ciudades mas turísticas del mundo, la numero seis del ranking internacional con 12.27 millones de visitantes, y hasta hace poco, el comercio mas significativo del planeta para Airbnb (en febrero de 2015 fue superada por París). Una ley así, en una ciudad con una propuesta hotelera habitualmente calificada como muy cara, complicaría sensiblemente los planes de viaje para varios turistas, sin embargo también generaría problemas a propietarios de apartamentos que pretenden rentabilizarlos mediante una plataforma que, cada dia más, intenta trabajar con sus visitantes para optimizar la rentabilidad de sus propiedades.

Detrás de la iniciación legislativa está la poderosa Hotel Trades Council, el sindicato mayoritario en los moteles de la ciudad, que asegura que “Airbnb es una amenaza para los sueldos y los puestos de trabajo en los moteles de Nueva York y de todo el país”. La representante que propone la ley, Linda Rosenthal, asegura que Airbnb es poco menos que una amenaza tremenda para la vida en la ciudad:

“You should know who your neighbor is and what happens when people rent out their apartments on Airbnb is you get strangers. Every night there could be different person sleeping in the next apartment and it shatters that sense of community in the building. It also can be dangerous.”

(“Usted razones saber quién es su vecino, y lo que sucede cuando la masa alquila sus apartamentos en Airbnb es que esos vecinos pasan a ser completos extraños. Cada noche podría haber una persona totalmente distinto durmiendo en el apartamento de al lado, y eso rompe el sentido de sociedad en el edificio y, además, puede ser peligroso.”)

Según las encuestas de la propia Airbnb, un numero subido de vecinos de Nueva York usan Airbnb como una forma de sacar ingresos extras a partir del alquiler de corta duración de sus propiedades o de varias habitaciones en ellas, lo que les permite, en una ciudad con unos costos sensiblemente elevados, llegar a fin de mes. Los impulsores de la ley afirman que es una forma de pelear contra los propietarios de bloques enteros de apartamentos que son alquilados en Airbnb y ejecutan como moteles ilegales, y que en caso de impedirse, esos apartamentos podrían ser ofrecidos a neoyorquinos en busca de alquileres mas largos, contribuyendo aparentemente así a abaratar el (demencial) costo del alquiler en la ciudad.

Los impuestos municipales recaudados por los moteles de la ciudad han transformando a la baja, con descensos de un 4% entre octubre y marzo y de un 1.3% en los 3 primeros períodos de 2016, un descenso que algunos atribuyen, entre otros factores, a la version de Airbnb. La compañia intenta desde hace tiempo pagar impuestos por su actividad como una forma de legitimar su actividad, sin embargo hasta el momento, solamente varias ciudades ( San Francisco, Portland, Ontario, Alabama y Brevard County) han llegado a acuerdos para hacerlos efectivos. Mientras la sharing economy intenta oficializarse y pagar debidamente sus impuestos, la economía de toda la vida se resiste, intenta de legislar lo que los propietarios de un inmueble pueden o no pueden crear con él, y pretenden que el negocio del alquiler turístico siga donde siempre ha estado, en los moteles de toda la vida.

La ley se encuentra, en este momento, sometida al metodo de legislación abierta del Estado de Nueva York, en el que los residentes pueden votarla y dejar sus comentarios al respecto. Esto genera una atrayente situación, al contraponer, por un lado, los intereses de la empresa hotelera y sus sindicatos de trabajadores, unidos a los de algunos vecinos de determinadas zonas que protestan por la elevada rotación de los apartamentos alquilados mediante Airbnb, frente a los propietarios de inmuebles y la empresa tecnológica en general. Las reacciones en la plataforma participativa constituyen solamente uno de los factores que el gobernante tiene en cuenta a la hora de tomar su decisión, sin embargo sin duda, un posicionamiento abiertamente en contra de Airbnb situaría a Nueva York como una de las ciudades con una legislación mas estricta del planeta en este sentido. Sea cual sea la decisión, todo indica que va a haber en todo el planeta varios ojos atentos…

 


Enrique Dans



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