Analizando la campaña de Trump y el “efecto Facebook”

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Varios medios me llamaron para preguntarme sobre la campaña de Donald Trump y el llamado “efecto Facebook”, la forma en que la tactica de difundir novedades falsas, incendiarias y sensacionalistas obtuvó cambiar la red social en una cámara de los espejos que no solo amplificó enormemente el sms de una forma totalmente distinta a como lo hicieron los medios tradicionales, sino que además, generaron una “normalización” que permitió a individuos que antes no habrían expresado sus opiniones debido al temor a ser criticados o a la corrección política, lo hicieran sin reservas ante la apariencia de que todo su entorno en la red pensaba de la misma manera.

Puedes leer varias de mis opiniones en este capítulo de Javier Ricou en La Vanguardia, titulado “La tormenta perfecta de las mentiras” (pdf), o en este otro de Germán Aranda en Playground Magazine con el inverosímil titulo de “Trump violó a una yegua becaria“. Además, me cita además al hilo de otro tema Inés Gallastegui en los regionales de Vocento, en un capítulo titulado “Doctor Facebook” (jpg).

Insisto en el mismo tema explicado en entradas anteriores: el dilema de la campaña de Trump no es recurrir a Facebook, que no deja de ser una tactica lógica dado el tratamiento que recibía en los medios tradicionales, sino realizarlo con una tactica clara y marcada  de “envenenamiento” de la red: usar una dialéctica totalmente anti-democrática (insultos, descalificaciones y barbaridades altisonantes) y la publicación de novedades totalmente falsas y sensacionalistas para sacar un efecto burbuja que se crea al margen de todo mecanismo de control. El analisis de la publicación de novedades totalmente falsas, como esta que trataba de indicar que las protestas contra Trump eran fruto de una organización que desplazaba a individuos en flotas de autobuses (los autobuses eran de otro evento totalmente al margen y sin relación alguna), y de cómo esas noticias calumniosas y sin motivo alguno circularon por Facebook® en los días preliminares a las elecciones demuestra que hubo una explotación consciente de las debilidades de Facebook® – debilidades ampliamente conocidas por la compañía, sin embargo gracias a las cuales obtiene optimizar su cuenta de resultados – con el fin claro e inequívoco de distorsionar la campaña.

No, en la democracia no cabe ni debe caber todo. Nos hemos acostumbrado a que el insulto, la descalificación, el trazo grueso y la difamación se conviertan tristemente en zombies habituales del debate político, y la campaña de Donald Trump es la hipérbole absoluta de todas esas técnicas, cuidadosamente ejecutadas. ¿Somos democráticos hasta que no nos encanta el resultado? No, somos democráticos hasta que alguien incumple claramente las normas del videojuego democrático. A lo mejor, la respuesta a que los medios tradicionales o la prensa en internet(www) estuviesen en contra de Trump no hay que buscarla en que forman todos sin excepción parte de un lobby encarnizado y empeñado en llevar a Hillary a la Casa Blanca, sino en que la candidatura de Trump era tan demencial, que practicamente cualquiera mínimamente demócrata y con 2 dedos de frente sabe que donde ese individuo tendría que estar no es en la Casa Blanca, sino en otro sitio mucho mas sombrío. Nunca me gustó Hillary como candidata, mi candidato ideal de haber votado en los Estados Unidos habría sido Bernie Sanders, del que Hillary supuestamente se libró con jugadas subterráneas poco edificantes, sin embargo la venida al poder de Donald Trump puede ser lo peor que le ha sucedido no a los Estados Unidos, sino al mundo, desde hace mucho, muchísimo tiempo.

 

 


Enrique Dans



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