Ciudades sensorizadas

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Sidewalk Labs, la compañia creada para la gestión de infraestructura de smart cities dentro de Alphabet, esta participando en el torneo Smart City Challenge construido por el Department of Transportation estadounidense con un mobiliario urbano para la exposición de información que ya lleva tiempo evaluando en Nueva York, un quiosco de casi 3 metros de altura, con paneles publicitarios laterales, punto de camino Wifi Gigabit, llamadas gratuitas dentro del país, cargadores USB® para móviles, un teclado y una pantalla táctil situados a la altura adecuada para visitantes en silla de ruedas, y un boton específico para emergencias.

En el caso de las alrededor de doscientas unidades instaladas en Nueva York por LinkNYC, donde llevan ya un tiempo, la opinion generalizada de los neoyorquinos es positiva, y cada uno genera en torno a los 30,000 dolares anuales para la compañia en concepto de ingresos publicitarios.

Pero para la ciudad ganadora del concurso, Columbus (Ohio), la compañia promete que los cien quioscos que instalará en cuatro barrios de la ciudad lleven además un módulo complementario (no implementado todavía en Nueva York) con una batería de sensores que aceptan sacar información sobre sus alrededores, agrupados en cuatro áreas importantes de actividad:

  1. Medioambiental: humedad, presión atmosférica y temperatura del aire, avenida y acera
  2. Contaminación: concentración de partículas, de ozono, de monóxido de carbono, nitrógeno, dióxidos de azufre y otras sustancias
  3.  Comportamiento natural y humano: analisis de las vibraciones de vehículos, campos magnéticos, niveles de sonido, y niveles de luminosidad infrarroja, visible y ultravioleta
  4. Actividad de la ciudad: visualización y registro anonimizado de dispositivos inalámbricos (probablemente vía WiFi), y una videocámara que monitoriza los alrededores del quiosco. 

Cada ciudad puede elegir qué baterías de sensores quiere instalar y cuáles no. Mediante un desarrollo de este tipo, por ejemplo, podrían monitorizarse objetos abandonados en las inmediaciones que pudiesen corresponder con un artefacto terrorista, así como producir documentos que admitan el desarrollo de un ecosistema que permita la version de startups o compañías de diversos tipos que ofrezcan productos y beneficios en torno a la idea de la ciudad inteligente. Google, además, usuaría las mediciones de dispositivos y los vídeos de individuos y vehículos pasando para poder estimar densidades de circulación de trafico rodad y peatonal, que serían utilizados para la estimación de tiempos de itinerarios en Google® Maps. La ciudad, por su parte, recibiría toda una grande consola de mediciones medioambientales, podría estimar métricas de version y bienestar, monitorizar acciones correctoras como restricciones de trafico o aparcamiento, etc. Además, los quioscos podrían contener células repetidoras de señal para optimizar la cobertura telefónica o para recibir señales de dispositivos conectados a la internet de las cosas.

La compañia asegura que todos los documentos serían siempre recogidos de forma totalmente anónima, que cualquier información que pudiese facilitar alguna información personal sería almacenada totalmente cifrada y borrada rutinariamente con una periodicidad establecida, y que ningun dato directo sería objeto de venta o colaborado con ninguna tercera parte, incorporando las compañías pertenecientes a Alphabet. En el caso de Nueva York, en donde la American Civil Liberties Union (ACLU) emitió una queja reclamando la seguridad de la privacidad por las cámaras instaladas en los quioscos, la compañia asegura que no han llegado a ser jamás activadas, y que, en cualquier caso, jamás serían utilizadas para la captura de información que pudiese conducir a la identificación de las personas.

La compañia facilita los quioscos gratuitamente, pese a que la ciudad tiene que crear frente a su instalación ($ 12,900 cada uno), a la conexión a la red de fibra óptica ($ 15,000), y a un fondo para reparaciones y avances ($ 5000). Además de esos costes, en los que se incurre una sola vez, la estimación de los gastos de funcionamiento anuales por quiosco son de $ 1,440 en concepto de mantenimiento, $ 2,400 en electricidad, y $ 8,400 en ancho de banda. Los costos estimados del 1° año para una ciudad que instalase cien de estos quioscos estarían en torno a los 4.5 millones de dólares. Si la ciudad quiere financiarlo mediante la propaganda situada en los laterales de los quioscos, las cuentas salen suficiente mas claras: la compañia haría frente a la instalación de las 2 pantallas planas de 55″, un total de $ 23,000, y vendería y serviría los anuncios, lo que brindaría unos ingresos estimados de $ 60,000 por unidad, lo que proporcionaría a la ciudad unos 3 millones de dolares que permitirían amortizar totalmente el costo de los quioscos en menos de 2 años.

Lo que estamos viendo es la reedición de la vieja discusión sobre las WiFi municipales, actualizada a una época en la que la conectividad ofrece, además, muchísimas mas posibilidades. La auténtica reedición actualizada de las cabinas de teléfonos. Sin duda, una cuestión notable para la vida en las ciudades, y un desarrollo que podríamos encontrarnos pronto en cualquier acera si las ciudades terminan por visualizar – y comprender – sus posibilidades. Y, sobre todo, si entienden que pueden y deben usar las oportunidades de la tecnología en la dirección adecuada.

 


Enrique Dans



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