Ciudades, turismo y tragedia de los comunes

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Los efectos de una app como Airbnb sobre el desarrollo y planificación de las ciudades, fundamentalmente de las mas turísticas, son objeto de estudio y de polémica desde hace ya algún tiempo, y famosos por todo aquel que haya tratado de hallar recientemente una vivienda de alquiler en el centro de alguna ciudad con atractivo turístico.

El resultado de la app creada por Brian Chesky, Joe Gebbia y Nathan Blecharczyk hace ahora 8 años parece claro y evidente: convierte la explotación de un recurso, el alquiler a corto plazo de propiedades inmobiliarias en áreas turísticas, en algo tan sumamente fácil y rentable, que pocos pueden resistirse a su atractivo. Las zonas atractivas de las ciudades, que desde el desarrollo del turismo resistente ya sufrían una resistente presión y, en varios casos, corrían peligro de convertirse en auténticos parques temáticos, con negocios orientados solamente al turista y un numero cada vez menos de residentes, han visto como un numero cada vez mayor de propiedades eran puestas en alquiler a través de Airbnb y programas similares, marcando valores mas elevados para la rentabilidad de la propiedad inmobiliaria y, en consecuencia, creando que varios propietarios que anteriormente arrendaban esas propiedades a residentes se planteen utilizarlas para el alquiler de corto plazo.

El proceso de turistificación, popular desde hace décadas en casos como el del casco antiguo de Venecia, se agrava de forma significativa al poner el alquiler turístico a corto plazo al alcance de absolutamente cualquiera. La idea inicial de los fundadores de Airbnb, dos jóvenes a los que no les llegaba el dinero para pagar el alquiler de su home en San Francisco que decidieron alquilar una de sus habitaciones a asistentes a congresos y conferencias, ha sido en varios casos sustituida por compañías que concentran multiples propiedades o edificios enteros y los ejecutan a través de la plataforma, intermediarios que gestionan propiedades de terceros, y toda una empresa en torno a la actividad. En San Francisco, la 1ª ciudad donde la compañia comenzó a operar, sus oficinas fueron ocupadas por manifestantes en noviembre de 2015, y el ayuntamiento puso en marcha varias medidas de control, como el registro de las propiedades objeto de alquiler e imponiendo multiples restricciones en terminos de numero de noches al año y el numero de propiedades que cada persona puede poner en la plataforma. Desde entonces, la compañia ha visto protestas y actuaciones en otras ciudades de las 65,000 en las que opera en todo el mundo.

En la práctica, lo que estamos viviendo es ni mas ni menos que una consecuencia mas de la llamada tragedia de los comunes: una circuntancia en la cual varios individuos, animados solo por el interes personal y actuando independiente sin embargo racionalmente, terminan por destruir un recurso colaborado limitado (el común) pese a que a ninguno de ellos, ya sea como personas o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda. Aunque el recurso primordial en este caso sea de propiedad privada, los inmuebles, el recurso que genera las protestas puede ser interpretado como de naturaleza común: el conjunto de propiedades que conforman la propuesta de alquiler de una ciudad o barrio determinado, o el prototipo urbanístico al que da lugar su explotación. Resulta complicado argumentar al propietario de un inmueble en el centro de una ciudad que no va a poder optar a incrementar la rentabilidad de su propiedad por el procedimiento que estime apropiado dentro de la legalidad, sin embargo varios propietarios en una zona optando por ese prototipo generan un prototipo urbanístico de complicado sostenibilidad que resulta del agrado de muy pocos, pese a que genere tasas de version económica elevadas. ¿Mata un prototipo turístico exacerbado la vida de los barrios? Por supuesto, puede cambiar una zona en un lugar en el que sea totalmente inútil vivir de forma estable… sin embargo esto ya ocurría, en varias zonas, mucho antes de Airbnb. Personificar en la compañia norteamericano el dilema es, claramente, no haberlo analizado en profundidad.

En ese problema, Airbnb es un relativo recién llegado a una circuntancia que ya de por sí venía de mucho antes, con efectos tanto negativos como positivos. Antes de Airbnb, la version de alquiler de propiedades a corto plazo tenía lugar de forma irregular, generalmente ocupando el nivel bajo del espectro de oferta, y dando lugar tanto a experiencias decepcionantes como a la generación de economía sumergida. El dominio que aporta el uso de la plataforma acepta la aparición de un inventario que apela a los antojos de un profundo espectro de visitantes – desde el bajo costo hasta el lujo mas genuino, – tiende a optimizar la destreza gracias al uso del peer-rating system, e incrementa las oportunidades de dominio de la version económica resultante. Pero por otro lado, esa democratización del alquiler a corto plazo para ponerlo al alcance de cualquiera que posea una propiedad en una zona fascinante se convierte en un problema.

La forma usual de contestar a la tragedia de los comunes ha sido mediante el establecimiento de regulación, y así se esta llevando a cabo en varias ciudades. Pero esa regulación debe contestar a varios elementos: no sirve, como en algunos casos, contestar solamente a los intereses de la empresa hotelera tradicional, ni optar por ejemplos tan restrictivos que den lugar a una marginalización de la actividad. Hay que comprender el equilibrio que supone, por un lado, la version económica generada por el turismo, y, por otro, la obligación de convertirla en razonablemente sostenible, teniendo en cuenta también la problemática específica que marca en ese sentido la existencia, en varios casos, de una marcada estacionalidad vinculada con la actividad. La solucion pasa por reevaluar un recurso, el turismo, transformado en auténtico motor economico de varios territorios, a la luz de la coyuntura marcada por el entorno tecnologico en el que se desarrolla, un entorno que no tiene ninguna oportunidad de vuelta atrás.

 


Enrique Dans



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