Cómo administrar las Relaciones Conflictivas por medio de la PAUSA

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El carácter de las relaciones interpersonales decide la forma en que el ser humano se inscribe y crea en su medio social; su importancia es elemental para calificar el desenvolvimiento de las individuos en su tránsito por la vida.

Las cualidades de carácter social no son sólo “adornos” de la personalidad, son un requerimiento indispensable de comportamiento. El medio social es el entorno primario del ser humano y prevalece, incluso, sobre el medio ambiente natural. La capacidad de cumplimiento “en sociedad” define la calidad de vida personal y experto de los individuos.

Las relaciones interpersonales pueden adoptar 3 formas: relaciones satisfactorias, intrascendentes o conflictivas. Si bien existe una gradación en la escala, el resultado final tiene como parámetro de evaluación alguno de estos 3 formatos.

Las relaciones confidenciales satisfactorias se pueden medir en terminos de su beneficio; en ellas solo cabe incrementar el carácter positivo de los resultados. Este es un tipo de relación que en el peor de los casos debe conservarse y en el mejor, desarrollarse. La diferencia entre las individuos que esencialmente sostienen relaciones satisfactorias radica en la calidad del resultado que emerge de ellas.

Las relaciones confidenciales intrascendentes constituyen un fundamento de alarma esencialmente porque no son productivas y deben invertirse esfuerzos sustanciales para situarlas progresivamente entre las que otorgan beneficio.

Las relaciones confidenciales conflictivas constituyen un serio problema.

Las individuos pueden tener un conjunto significativo de relaciones satisfactorias o inclusive intrascendentes y considerarse por resultado de ello en una circuntancia adecuada, sin embargo inclusive un numero diminuto de relaciones conflictivas puede desvirtuarlo todo. La razón de esto es básicamente simple: el enfrentamiento actúa profundamente sobre la persona y la desestabiliza desde sus fundamentos. Y esta persona, que es la misma que sostiene por otro lado relaciones satisfactorias, traslada los efectos negativos a todas las dimensiones de su quehacer social.

Relaciones conflictivas

El ser humano es una entidad,  y pese a que tiene una capacidad significativo para funcionar estímulos distintos y entregar soluciones diferentes, es naturalmente incapaz de producir “compartimentos estancos” que condicionen distintos tipos de conductas de convenio al entorno o a la circuntancia que enfrente. Un individuo que tiene enfrentamientos en definido ámbito de su vida los traslada a otro en mayor o menor medida. La discriminación perfecta de los hechos no existe, de la misma forma que el ser humano perfecto tampoco. Ése “hombre de los distintos sombreros” que actúa con absoluta propiedad  dependiendo de la circuntancia o de las individuos entre las que se encuentre, forma parte de los postulados ideales que la teoría esta obligada a mantener para producir una experiencia eficiente. Y en tanto que los parámetros ideales constituyen metas que siempre están por conquistar, los resultados prácticos son diferentes: el individuo que enfrenta enfrentamientos traslada sus consecuencias, en menor o mayor grado, a otros ámbitos de su vida.

Las relaciones confidenciales conflictivas afectan las relaciones satisfactorias porque condicionan el estado emocional del individuo que en ambos casos es su protagonista.

¿Cómo se identifica una relación personal conflictiva?

Hay diferencias sustanciales entre estas ultimas y otras que pueden clasificarse como difíciles, inestables, cambiantes, etc. Las relaciones conflictivas tienen efectos negativos sobre las personas, atentan su estabilidad emocional y condicionan soluciones y territorios de ánimo por periodos fundamentales de tiempo. La persona cambia, sus valores se erosionan.

Por otra parte estas relaciones tienen un ingrediente adicional: existen en ellas individuos que actúan premeditadamente para afectar los intereses ajenos, porque en ultima instancia estas relaciones conflictivas se fundamentan en los antagonismos. Si habitualmente la vida presenta adversidades, en el caso de estas relaciones ellas se “construyen” entre individuos que se dañan unos a otros aun sin percatarse de ello. Y si  la mayoria de las veces las adversidades que presenta la vida responden a un carácter aleatorio, aqui son planificadas. Los intérpretes de éste tipo de relaciones llegaron ocasiones hostiles que lesionan abiertamente.

Resulta ocioso suponer que estas relaciones no se presenten en la vida, sin embargo es significativo actuar de forma que el grado de conflictividad que provoquen no llegue a extremos, y se propicie un veloz ordenamiento para llevarlas a escenarios controlables.

La medida preventiva elemental es una que cabe practicar el instante exacto en que una relación corre riesgo de convertirse en un problema. La conflictividad en las relaciones tiene habitualmente una génesis y ésta se remite a un instante exacto de la interacción. Existe un acto o una frase que condiciona  el grado que el enfrentamiento alcanzará luego.

La forma en la que se trate ése “punto de quiebre” en una relación decide el “ángulo” de la pendiente que ella tome: desde un proceso relativamente natural de deterioro hasta un vertiginoso desplome. El carácter de la pendiente se constituye el instante mismo del quiebre. Poco puede hacerse después, y ello a costa de muchísimo esfuerzo.

Es algo suficiente natural que las relaciones interpersonales se deterioren o concluyan, sin embargo es aconsejable  evitar que lleguen a puntos dramáticos, de forma que la propia tarea de controlar sus efectos o convertir su estado en el tiempo termine siendo una tarea mas sencilla. Todo depende de lo que suceda “ése” instante crucial y decisivo que enfrenta a las  personas en determinadas coyunturas.

Ahora bien, “ése” momento, ese “punto de quiebre” tiene particularidades propias:

  • Puede presentarse de forma inesperada
  • No esta bajo dominio de nadie
  • Tiene incorporadas dosis elevadas de emotividad

Esta es una mezcla peligrosa de elementos.

Por otra parte a “ése” instante crucial aparecen personas, seres individuos provistos de una compleja ingeniería de emociones y de circunstancias. Son universos que se encuentran, cada uno completo en sí mismo.  Y en el centro de estos universos varios egos como componentes motrices, como gobernantes de ésa compleja totalidad.

Y en tanto que las circunstancias difíciles o conflictivas constituyen el material explosivo, el ego de las individuos es el detonador. El ego es el factor mas sensible de la ecuación. Las individuos se entienden en terminos del “Yo”, y cuando calculan que éste se localiza amenazado reaccionan en un nivel instintivo complicado de controlar. Cuando se intenta de un ego hipotéticamente lastimado el individuo se “desconecta” con mayor facilidad de sus fuentes de raciocinio y actúa por impulso, activando ése sentimiento básico de “autoprotección” que tanto lo acerca a los animales mas elementales. El ego amplio de las individuos difícilmente otorga algo, habitualmente quiere dominar, y al sentirse herido o amenazado reacciona compulsivamente, dado que habitualmente se localiza “atrincherado” entre los componentes “relativamente controlados” de su entorno. Ésta reacción es casi siempre, desproporcionada en relación a sus causas.

El ego puede convertirse en rival despiadado de uno mismo, habitualmente es causante de una suma significativo de las dificultades y de los problemas que se enfrentan en la vida, principalmente los vinculados al desenvolvimiento social. Los hombres Grandes triunfan 1° sobre su “Yo” y por eso tienen un ego pequeño, esencialmente humilde y tendiente a ofrecerse a los demás. Sin embargo el “hombre promedio” se coge a un ego enorme como un náufrago en alta mar lo hace a una tabla de salvación. El individuo Grande tiene un ego firme sin embargo elástico, sabe quién ES mas allá de sus circunstancias. Ante la adversidad o el combate su ego se flexibiliza para aguantar el golpe y despues retoma progresivamente su estado original, sin haber quebrado nada propio y nada ajeno.

La vida no es una justa de “egos”, la vida es como un concurso en el que se miden las competencias de las personas, los frutos de cada una determinan su circuntancia y posición. La interacción entre egos no debe considerarse una batalla, es sólo parte de una inexorable dinámica que presenta la vida social del ser humano. La persona segura de sí misma no considera jamás que su ego se encuentre amenazado como producto de relaciones interpersonales difíciles. El “Yo” es algo interno y se localiza perfectamente aislado de cualquier elemento foráneo, nada puede alcanzarlo “desde afuera”, a no ser que la propia persona franquee la entrada. Ante ocasiones muy difíciles los hombres Grandes llegaron un “Yo” intacto, lo crean ante las mas duras humillaciones. La historia presenta admirables ejemplos de individuos “intactas” inclusive ante la tortura y en el umbral mismo de la muerte.

¿Por qué las individuos son tan sensibles con sus egos? ¿Dónde se localiza su grandeza?

Al “punto de quiebre” en las relaciones interpersonales varias veces se viene por resultado de egos que se sienten lastimados. Allí radican en repetidas ocasiones los efectos mas graves.

La respuesta adecuada a la circuntancia debe establecerse ése exacto momento, allí mismo, en la génesis de la relación afectada, en el instante vital en que emerge el punto de inflexión. Ésa reacción apropiada protege el ego y lleva a una pendiente menos aguda en el desenlace del conflicto. Ésa reacción posibilita además que en un instante consecutivo sea la razón la que tome gobierno de las cosas y desde allí consiga, al menos, transformar una relación conflictiva en una intrascendente. Y lo mas importante: el ejercicio constante de este tipo de reacción construye un ego flexible, perfectamente dotado para confrontar las ocasiones con mayor propiedad.

La respuesta que debe darse en el instante mas crítico del enfrentamiento con otra persona consiste en establecer una profunda y prolongada PAUSA en la interacción. Una PAUSA determinante, un silencio total, un completo “no crear nada”. Lo esencial es NO REACCIONAR, de ninguna forma (ni bien ni mal), exclusivamente parar todo. Este instante es vital, en la misma forma que es vital una bocanada de aire fresco para quién se localiza en medio de humo denso. Una PAUSA Mental, una PAUSA Física, un instante de “suspensión” y de absoluta levedad.

Este instante condicionará  el carácter que tome la interacción hacia adelante. Éste instante es el que pone “marca y sello” al conflicto. La PAUSA le quita combustible a la hoguera, reduce el ímpetu de las energías adversas, sin embargo sobre todo le brinda una oportunidad a la razón. Y esto es todo lo que el individuo inteligente precisa: la oportunidad de crear prevalecer la razón para tratar un conflicto.

Esta PAUSA no es ninguna muestra de debilidad, porque acepta activar despues una sólida respuesta, una que emerge del cerebro y no del estómago. Esta PAUSA no otorga nada, no cede nada, no debilita nada, ¡todo lo contrario!, acepta fortalecer una respuesta posterior, un futuro argumento. El ego propio, entre que elástico y flexible, soporta el golpe y se repliega, sin embargo al mismo tiempo toma energía para regresar con mejoría al punto de partida, de la misma forma en que lo hace el elástico de una onda, contrayéndose para tomar energía y expulsar el proyectil. Nada hay mas sólido que un cuerpo flexible.

La naturaleza y la dinámica de los enfrentamientos (mucho mas entre las personas), es definitivamente compleja, sin embargo el ejercicio fácil de esta recomendación la simplifica enormemente. ¡Es sólo cuestión de comprobarlo!

En un enfrentamiento con otra persona NO DEBE REACCIONARSE NUNCA sin la oportunidad de haberse meditado básicamente una respuesta, menos todavía si el combate es vigoroso. Establecer la PAUSA acepta jugar el resto de la partida con el dominio y dominio de los movimientos.

Esta PAUSA es una representación de Poder, mecánicamente idéntico al que se tiene en el dominio remoto de un televisor: con él se constituye el curso de los hechos a discrecionalidad y con dominio del tiempo. Esta PAUSA acepta adueñarse del devenir y no ser títere de las circunstancias y de los demás.

Ante el enojo ajeno o propio: PAUSA.

Ante la provocación: PAUSA.

Ante la afrenta o el insulto: PAUSA.

Ante la agresión: PAUSA.

La PAUSA es una forma de controlar el Tiempo y éste debe ser siempre un aliado, no un perjuicio adicional. Los enfrentamientos son como un río brioso, una torrentera, y al tratar de cruzarlos en medio de su ímpetu violento sólo se obtiene ser arrastrado por la corriente. Imaginemos, por otra parte, que se tiene el poder de parar las aguas y vadearlas con tranquilidad, con  absoluta seguridad: eso se obtiene con la PAUSA.

Después de la PAUSA, cuando la razón toma dominio de las circunstancias, se evalúa la respuesta. Y cualquiera que ésta fuese, nace ya con una mejoría inigualable, porque parte desde una posición de victoria, dado que ejercitar y mantener la PAUSA ya es un éxito que pocos conocen.

DATOS DEL AUTOR.-

Carlos Eduardo Nava Condarco, natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, es Administrador de Empresas y Empresario. Actualmente se desempeña como Gerente de su Empresa, Consultor de Estrategia de Negocios y Desarrollo Personal, escritor y Coach de Emprendedores.

Es inventor de los libros “El STRATEGOS y 23 Principios Estratégicos para la pelea en el Mercado. Aclaraciones indispensables de los conceptos de Estrategia, Negocio y Competencia”.

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