Difusión tecnológica y trabas legales: el caso de los patinetes eléctricos

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La existencia de problemas regulatorios y trabas legales de diversa índole es uno de los problemas que los mas pesimistas con respecto a los nuevos ejemplos de negocio basados en tecnología suelen esgrimir cuando se habla de ritmos de adopción. El caso de los patinetes eléctricos (electric scooters) es uno de los que, a mi juicio, preferible pueden utilizarse para indicar que, generalmente, las trabas y restricciones legales no sirven para parar el avance de este tipo de modelos, y de hecho, los empresarios e inversores descuentan inmediatamente este factor cuando planifican sus desarrollos.

El segmento de la llamada movilidad multimodal, vehículos generalmente diminutos pensados para complementar desplazamientos cortos en las ciudades, debe su aparición al avance tecnologico que cree la mejora de los motores eléctricos y las baterías, por un lado, y al desarrollo de apps que aceptan geolocalizar y coordinar sus flotas. En algunos artículos preliminares ya comenté mi impresión de que las compañías que promovían la movilidad urbana inspirada en este tipo de vehículos habían llegado para quedarse y que, a pesar de las trabas legales y de la retirada de varios de sus vehículos por parte de los ayuntamientos, había una cierta tendencia a dar por muertos este tipo de ejemplos demasiado pronto. En muy poco tiempo, todo indica que, mientras ayuntamientos como el de San Francisco, que en un origen prohibieron este tipo de vehículos y se dedicaron a retirar los que encontraron mal estacionados en sus aceras, siguen pensando en como ajustar su legislación para ello, las evidencias a favor de la viabilidad futura de las compañías dedicadas a llenar nuestras ciudades de patinetes se van acumulando.

Además de las compañías citadas en artículos anteriores, como BirdLimeBike o Spin, que están consiguiendo capitalizarse de forma significativa gracias al hambre de los inversores, están surgiendo otras, como Skip, que irrumpen en la llamada “guerra de los scooters” con modelos basados en el desempeño de las reglas, así como rivales procedentes de otros ámbitos de la movilidad urbana, como Uber o Lyft, que se apuntan a la idea de anunciar beneficios de movilidad multimodal en una San Francisco convertida ya en una especie de laboratorio de la movilidad.

Mientras, los inversores siguen lanzados a una carrera por capitalizar estas compañías: Bird, la compañia creada por el ex-Uber y ex-Lyft Travis VanderZanden, protagoniza una buena parte de ese interés, alcanza ya valoraciones próximas a los dos mil millones de dólares, y se plantea llevar sus patinetes a ciudades europeas. Mientras, Lime obtiene captar 250 millones en otra ronda de inversión, como pertenece a un negocio que precisa de fundamentales cantidades de dinero en la etapa en la que se dedica a enseñar al comercio en el uso de sus vehículos y a soportar las pérdidas generadas por robos, vandalismo o uso irresponsable. 

Ben Thompson habla ya de una scooter economy, un prototipo en el que la movilidad en las ciudades evoluciona, por pura lógica y responsabilidad, a un “todo como servicio”, y las ciudades van experimentando y autorizando volúmenes cada vez mayores, al tiempo que los problemas de robos y vandalismo van pasando a tener una importancia meramente coyuntural. Un prototipo parecido al de las bicicletas dockless, muy criticado y considerado como aparentemente inviable al visualizar las montañas de bicicletas abandonadas en numerosas ciudades chinas, que plantea la obligación de invertir a muy largo plazo para lograr un cambio en la sociedad, una aprobación de un prototipo que puede brindar numerosas mejorías y producir a su alrededor todo un ecosistema económico.

¿Problemas y restricciones legales? ¿Robos? ¿Vandalismo? Es usual que ese tipo de problemas surjan cuando las ideas plantean un definido grado de disrupción. Sembrar las ciudades de decenas de bicicletas o patinetes para que cualquiera los desbloquee con una app y los utilice por pocos céntimos por minuto puede parecer una idea loca, y realizarlo con vehículos eléctricos, que es exacto recoger diariamente para cargarlos, mas alocado aún. Sin embargo, dado un volumen adecuado, lo que principalmente parece una idea loca puede terminar dando lugar a ejemplos de negocio viables. Y, sobre todo, a ciudades con una movilidad mas líquida, mas flexible, con mas oportunidades a disposición de sus ciudadanos. Si no te ves usando una bici o un patinete eléctrico para un desplazamiento corto, no te preocupes: es muy factible que en muy poco tiempo, empieces a verlos como una alternativa más.

 


Enrique Dans



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