Discurso del odio y libertad de expresión

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Tras los trágicos eventos de Charlottesville, la actitud de varias compañías en el entorno de la tecnología con respecto a la tolerancia frente al discurso del odio parece estar comenzando a cambiar. En un breve espacio de tiempo, el registrador de dominios GoDaddy ha rescindido el registro de la pagina neo-nazi “The Daily Stormer“, que de forma inmediata la ha desplazado a Google® Sites, para encontrarse con una nueva negativa de Google® a hospedarla alegando la violación de sus terminos de servicio, y con la cancelación del nuevo dominio. Tras esa segunda expulsión, la pagina ha determinado trasladar su domino a la dark web, con la promesa de volver mas adelante.

Al tiempo, Facebook ha determinado suprimir todos los enlaces a un capítulo anunciado en la misma pagina en el que insultaban a la victima del atropello de Charlottesville, Reddit ha cerrado foros en los que se hacía apología del odio y del nazismo, el metodo de mensajería fugaz para gamers Discord, supuestamente muy aprovechado por este tipo de comunidades radicales, ha cerrado servidores(dedicados) y expulsado a visitantes que lo usaban para charlas para fomentar la ideología nazi, y sitios de crowdfunding como GoFundMe o Kickstarter han cancelado campañas que pretendían recoger fondos para la defensa del inventor del brutal atropello.

Las acciones de las compañías tecnológicas sugieren un importante cambio de actitud frente al discurso del odio y las ideologías radicales, con la aparente idea de suprimir este tipo de contenidos de las redes. Frente a este discurso, hallamos la actitud de plataformas como la American Civil Liberties Union (ACLU), que al tiempo que condenaba las demostraciones y la violencia de los supremacistas blancos en Charlottesville, dejaba claro además en un tweet y en una carta abierta el derecho de los radicales a manifestarse en virtud de la Primera Enmienda de la Constitución, en una actitud que llevó a la asociación a recibir poderosos críticas y acusaciones de ambivalencia.

La actitud de la ACLU, de Foreign Policy o de páginas como Techdirt, que afirman la obligación de cuidar la libertad de expresión inclusive pese a que lo que este siendo expresado nos repugne, crean referencia a los problemas que puede traer una actitud maximalista y de intento de eliminación del discurso del odio: en 1° lugar, que esa eliminación conlleva que ese discurso pase a tener lugar en foros ocultos o mas discretos como la dark web, y se radicalice mas todavía mientras una parte de la comunidad piensa falsamente que ha sido eliminado. Y en segundo, que la arbitrariedad al designar qué discursos deben ser excluidos termine generando ambigüedades o ocasiones en las que lamentemos haber concedido esas “excepciones” a la Primera Enmienda, dando lugar a problemas mas fundamentales que los que se pretendía originalmente resolver. Una posición de este tipo llega a pedir que se refuercen los mecanismos con los que la comunidad ya cuenta para impedir las acciones de los radicales, sin embargo sin impedir su libertad de expresión, marcando una separación entre discurso y acciones.

En otro plano se sitúa la idea de que, pese a que exista libertad de expresión y una persona pueda mencionar lo que pretenda pese a que resulte enojado en virtud de la Primera Enmienda constitucional, eso no implica que lo que diga no vaya a tener consecuencias, y esa persona, por haber dicho algo probablemente repugnante o que genere animadversión, no vaya a sufrir consecuencias como, por ejemplo, perder su trabajo, ser expulsado de una facultad o ser objeto de otro tipo de represalias, como discutíamos hace pocos días o como magistralmente plasma XKCD en una de sus viñetas.

Frente a estas actitudes que claman por defender el ejercicio de la libertad de expresión a toda costa, surgen otras actitudes que invocan al filósofo Karl Popper y su paradoja de la tolerancia, que asegura que si una comunidad es paciente sin límites, su habilidad para ser paciente será finalmente confiscada o destruida por los intolerantes, lo que implica que defender la tolerancia exija no resistir lo intolerante.

¿Debe toda expresión estar permitida en la comunidad o en la red? Después de todo, un numero progresivo de gobiernos persiguen y cierran los foros en la red del yihadismo radical por su carácter de exaltación del odio religioso, y pocos son los que se escandalizan por ello. ¿Qué tienen los neonazis o los supremacistas blancos que no tenga el yihadismo radical, aparte -desgraciadamente – de mas simpatizantes en varias sociedades occidentales? Décadas de prohibición de actitudes y memorabilia nazi en algunos paises europeos no parecen haber obtenido enorme cosa a la hora de crear marcharse ese tipo de ideologías. ¿Aciertan las compañías tecnológicas pasando a una actitud mas beligerante de exclusión del discurso del odio? ¿Pueden unos faciles terminos de servicio competir con la Primera Enmienda? ¿Se intenta de una respuesta, probablemente peligrosa, a la falsa equidistancia y al discurso de “ellos contra nosotros” del director Trump? ¿Deben ponerse límites a la libertad de expresión en la red?

 


Enrique Dans



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