El futuro de los datos

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Dos novedades supuestamente contrapuestas me llaman la interés esta semana en el complejo asunto de la Facebook® post-Cambridge Analytica y el futuro que la espera: por un lado, la compañia esta llevando a cabo estudios de comercio enviados a intentar indagar qué porcentaje de visitantes podría estar atraído en un prototipo de suscripción, un pago mensual a cambio de usar la red social sin verse sometido a ningun tipo de propaganda ni a tratamiento de sus datos. Por otro, unas declaraciones de Matt Hancock, Secretario de Estado de Digital, Cultura, Medios y Deporte del Reino Unido, en las que asegura estar abierto a la idea de obligar a plataformas digitales como Facebook® o Google® a pagar por los documentos que extraen de sus cientos de millones de usuarios.

¿Cuál es el futuro de nuestros documentos personales? En el instante actual, y a la espera del escenario que resulte tras la entrada en vigor, el siguiente 25 de mayo, del Reglamento General de Protección de Datos en la Unión Europea (que perjudica a todo aquel qe pretenda crear relaciones o negocio de algún tipo con sus ciudadanos), nuestros documentos están simplemente ahí, abiertos a practicamente cualquier tipo de recolección, analisis o negociación de cualquier tipo. Poco ayuda a la deducción sobre el futuro el grande analfabetismo de la totalidad de la demografía en este aspecto, carente de cualquier tipo de motivo o lógica empresarial y que lleva a una enorme suma de individuos a pensar que sus documentos son un objeto permanente de compraventa entre compañías: con excepciones, nuestros documentos son recopilados, procesados y explotados por las mismas compañías, que no los venden a terceros por una simple cuestión de lógica y viabilidad, sino que se limitan – que no es poco – a permitir su explotación, con sus términos, sus condiciones y sus herramientas.

Ambos futuros, de hecho, podrían ser compatibles, pese a que arrastran connotaciones relativamente complejas. Muchos han querido vincular la idea de que las compañías que explotan nuestros documentos paguen por ellos a sus legítimos propietarios un cierto porcentaje de las ganancias que generan con ellos, una suerte de “renta básica” que provendría de esa cesión consciente de nuestros documentos para su explotación. La oportunidad de combinar esa idea con un prototipo freemium que, potencialmente, excluyese a aquellos que pueden pagar por ellos de ese prototipo inspirado en propaganda y de ese tratamiento de sus documentos evoca una comunidad estratificada, con una capa privilegiada que paga por el derecho a su privacidad mientras otra se ve obligada a sacrificarla y ponerle un valor para sacar a cambio un definido ingreso.

Por otro lado, una dualidad así requeriría de algunos analisis de escenarios: obviamente, suprimir a los perfiles potencialmente mas atrayentes del abanico al que un factible anunciante puede impactar a través de una red social es un factor que reduce el atractivo total de anunciarse en esa red social. Si la oferta mayoritaria de una campaña en Facebook® pasa a ser solamente la de impactar a los que no pueden pagar para salvaguardar su privacidad, la inversión potencialmente realizada por esas marcas podría reducirse en consecuencia, y habría que visualizar hasta qué punto los ingresos recibidos por Facebook® en concepto de inscripciones puede ser bastante como para compensar esas pérdidas. El correspondiente analisis implica comprender no solo el porcentaje de visitantes potencialmente interesados en pagar por ese servicio freemium,  sino además la correspondiente sensibilidad al precio, que podría investigar una tactica de posicionamiento profundo o mas o menos elitista.

¿Cuál es el futuro escenario para la explotación de nuestros documentos personales, una version que hoy implica a unas escasas compañías, sin embargo que muy probablemente sea cada vez planteado por compañías en mas y mas ramos de actividad? Pagar a los visitantes por el camino a esos datos? ¿Que sean los visitantes los que paguen para evitarlo? ¿Ambos? Muchas posibilidades, que probablemente dependan de la evolución del escenario que se genere tras la app de GPRD, y muy escasas certidumbres.

 


Enrique Dans



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