El futuro del ad blocking

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Un interesantísimo paper, The future of ad blocking: an analytical framework and new techniques, revisa el estado vigente de la guerra entre publicaciones y tools para el bloqueo de publicidad, y concluye que el futuro es favorable al desarrollo y consolidación del uso de estas herramientas.

El equipo, formado por 3 profesores de Princeton y uno de Stanford, ha esquematizado un bloqueador de propaganda basado no en la detección de marcas en el codigo de la página, sino en el examen del contenido, tomando mejoría de la necesidad legítimo real para las publicaciones de reconocer claramente la propaganda frente al contenido. En efecto, analizar el contenido y descubrir cuando esta reconocido como propaganda es algo que un algoritmo de machine learning basado en la vision computerizada puede crear con relativa facilidad, y a partir de ahí, todo se reduce a elegir un curso de acción adecuado.

Por el momento, los bloqueadores de propaganda se habían limitado a sostener una serie de componentes que debían ser bloqueados, lo que abría la oportunidad a que las publicaciones buscasen nuevas formas de ocultar sus avisos de otra manera. El próximo paso fue que los bloqueadores de avisos recurriesen a los usuarios, que podían actualizar los filtros de propaganda simplemente denunciando cuando un aviso había sido apto de evadirlos de alguna manera. El rey absoluto de esta tactica ha sido la alemana Eye/o con AdBlock Plus, de la que hemos mencionado en numerosas ocasiones.

A partir de ahí, las publicaciones se centraron en descubrir la presencia de un ad-blocker: si este se encontraba presente, la difusión pasaba, a su vez, a exhibir una pantalla de bloqueo, que impedía al cliente entrar a su contenido y le conminaba a desconectar su bloqueador (en esta etapa se localizan en la actualidad varias publicaciones españolas y redes de diarios regionales, que tienden a encontrarse con que, cuando el cliente es confrontado con esta pantalla, simplemente se da la vuelta y busca leer las novedades en otro sitio.

En otros casos, como el de Wired, se muestra al cliente una combinación de bloqueo y petición, que sin embargo puede ser sencillamente evitada simplemente recargando la página. Otras publicaciones, como The Wall Street Journal, mantuvieron durante mucho tiempo una tactica de “muro poroso” en el que simplemente bastaba con investigar el poseedor de la novedad en Google® y crear click en la pagina de resultados para poder entrar a ella libremente, tactica que ha sido actualmente eliminada por un bloqueo incondicional.

La evolución ante la tactica de “block the blockers”, segun estos autores, es muy sencilla: se intenta de eludir que las publicaciones puedan descubrir el uso del bloqueador. Para ello, basta con plantear una descarga falsa de la pagina que no es expuesta al usuario, y reconstruir la pagina sin propaganda a partir de esta. Con esta estrategia, las publicaciones seguirían detectando la descarga de sus avisos pese a que estos, en realidad, no alcanzarían su destino, los ojos del usuario, lo que se transformaría por tanto en un claro engaño a los anunciantes. Es muy factible que la reacción de las publicaciones ante este tipo de técnicas fuese lenta, dado que resultan difíciles de probar y les aceptan sostener ante sus publicantes la ficción de que su propaganda sí es descargada mediante las métricas habituales, sin embargo eventualmente, el uso de tools de este tipo terminaría por originar una quiebra en la confianza en el sistema: un escenario en el que decenas de publicantes pagan por unos avisos que, en una suma creciente, no son vistos por nadie al otro lado de la pantalla no resulta, obviamente, sostenible a medio plazo.

Técnicamente, por tanto, los bloqueadores de avisos las tienen todas consigo a la hora de ganar en esa guerra. La alternativa, por tanto, esta en convertir la mentalidad de los publicantes para crear que sus avisos sean vistos como aceptables. Esto exige sustituir la vigente obsesión por la claridad a toda costa o inclusive la molestia persistente al cliente – que en su instante generó esta guerra – por actitudes mucho mas respetuosas que admitan comprender al cliente que la propaganda es elemental a la hora de sostener las publicaciones que aprecia. Yo bloqueo la propaganda en todas las paginas que me revelan avisos con sonido o vídeo preactivado, con extensibles, con avisos a toda pantalla, con animaciones excesivas o con cualquier tipo de formato molesto, sin embargo no me imagino bloqueando una pagina que simplemente me presente un patrocinio o un formato razonablemente discreto y no molesto. El dilema es que demasiados ejecutivos de propaganda o marketing tienen una mentalidad inspirada en el “cuanto mas moleste, mas recuerdo generará” parecido a la del imbécil de Burger King del que contamos hace poco (y que, lejos de arrepentirse o disculparse, aún llegó a actualizar su aviso para evadir el filtro de Google), llevando a que algunos pidan persecución legítimo y penas de cárcel para él invocando la Computer Fraud and Abuse Act, que prohibe el camino a computadores ajenos sin autorización de su propietario), lo que hace complicado pensar en un propósito de enmienda.

Mientras la propaganda siga siendo una basura asquerosa, los visitantes continuaremos contando con tecnología que nos ayude a librarnos de ella de una forma u otra. El razonamiento de que eso daña a las publicaciones y las hace inviables es vano: siempre existirán canales para que la buena información llegue a los usuarios, sea mediante ejemplos de suscripción o simplemente generando otras formas de que la difusión genere servicios a quien la hace. Como usuario, no estás obligado a aguantar una propaganda molesta para entrar a un contenido determinado: si el contrato no te convence, rómpelo y busca todas las tools a tu alcance para entrar al mismo contenido de otra manera. Si una difusión intenta obligarte a visualizar sus avisos por encima de todo para entrar a su contenido, no le hagas caso: instálate el bloqueador apropiado o deja de entrar a ella, hasta que se dé cuenta de que su tactica es inviable. Es la unica forma de indicar a publicantes y soportes que su tactica es insostenible.

 


Enrique Dans



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