El nuevo teatro electoral

Autor: | Posteado en Noticias Sin comentarios

No nos engañemos: inclusive en las democracias mas maduras, las elecciones y sus campañas electorales han tenido siempre un subido componente de teatro. Candidatos estrechando manos, haciéndose selfies y besuqueando chicos mientras prometen cosas que, en muchos casos, saben que nunca van a poder cumplir, en inflamados mítines enviados a la exaltación y a las consignas fáciles. Si alguien busca pensamiento crítico o algún tipo de reflexión de calidad, las campañas electorales no son exactamente el lugar para encontrarlos.

Igualmente, durante años, hemos transformado en usual dar entrada a todo tipo de intereses en las campañas electorales, expresados habitualmente en forma de financiación y bienes para los candidatos que interesaban al donante. Esos aportes de bienes han venido, tradicionalmente, de lobbies empresariales, de grupos de presión o de otros intereses, entre los cuales ha habido, en numerosas ocasiones, paises extranjeros. Aportar dinero a un candidato de un país definido aguardando sacar un preferible trato en las relaciones bilaterales, mejores acuerdos comerciales y otro tipo de prebendas es una idea que no nos resulta en absoluto extraña.

Sin embargo, lo usual hasta el instante había sido que ese tipo de intereses extranjeros se expresasen así, como aportes de dinero que el candidato beneficiado podía usar como entendiese oportuno, regulados de forma mas o menos transparente por la legislación que regula la financiación de los partidos políticos. La injerencia directa en la campaña electoral es algo mucho mas novedoso, y a medida que progresa la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016, comienza a agotar ya nuestra capacidad para la sorpresa.

Un destacado perfil pro-Trump dentro de la llamada alt-Right norteamericana con más de 80,000 seguidores y extensamente citada por la prensa, Jenna Abrams, ha sido descubierta como totalmente ficticia y creada por una troll farm rusa con base en San Petersburgo. El caso se une a miles de cuentas de supuestos activistas de multiples facciones destinados a explotar y radicalizar las ideas mas polémicas y polarizadoras de la comunidad norteamericana durante la campaña, ideas que en muchos casos, como el del racismo, llevaban ya suficientes años fuera de la dialéctica política. La gran suma de anuncios financiados por Rusia, que alcanzaron a millones de norteamericanos mediante cuidadosas tacticas targeting en redes sociales como Facebook® o Google, eran tan solo la punta del iceberg en un escenario en el que se combinaron hábilmente con todo tipo de cuentas de supuestos norteamericanos inexistentes, personalidades inventadas con mensajes y dialécticas radicales que fueron seguidas o distribuidas por millones de personas. Una tactica a la que, muy posiblemente, las propias compañías tecnológicas contribuyeron con los llamados embeds, empleados colaboradores del dispositivo de campaña de Donald Trump que Hillary Clinton rechazó, y que aparentemente jugaron un papel muy activo a la hora de definir los mensajes que eran emitidos por el candidato.

Un país cuya democracia es un chiste, Rusia, ha obtenido a su vez cambiar en un chiste la mismísima democracia de su enemigo, los Estados Unidos, en una época en la que la guerra fría se consideraba ya como parte de un pasado que había terminado en 1991 con el colapso de la Unión Soviética. El aumento y la adopción extensiva de las redes sociales ha generado un nuevo teatro, un renovado patio de operaciones que uno de los políticos mas megalómanos del mundo, Vladimir Putin, ha practicado a explotar hasta límites insospechados. La respuesta, por otro lado, resulta muy compleja: los movimientos iniciados en la ultima fase de Barack Obama como presidente, con sanciones diplomáticas de diversos tipos a Rusia, fueron planteados cuando la magnitud de la interferencia estaba todavía muchos órdenes de magnitud con respecto a lo que ahora conocemos, y ni siquiera esta claro que puedan realmente llegar a servir para algo en un entorno en el que el dominio se antoja sumamente complejo.

Si en algún instante pensaste que la injerencia rusa en las elecciones norteamericanas era algo anecdótico o irrelevante, piénsalo de nuevo. Estamos, posiblemente, ante el mayor reto al que se enfrenta la democracia en toda su historia, con una deriva hacia el populismo que las redes sociales están alimentando en una espiral aparentemente imparable, apto de llegar a alterar los resultados de las consultas electorales de paises con democracias aparentemente maduras y consolidadas. Un dilema mucho mayor de lo que originalmente parecía, y cuyas consecuencias, además, han llegado ya demasiado lejos.

 


Enrique Dans



El mejor vídeo del día Trucos de Android


Nota: La creación de esta noticia le pertenece al autor original que aparece en la firma de más arriba. No hemos eliminado en ningún momento los enlaces oficiales, ni tampoco intentamos perjudicar su posicionamiento en los motores de búsqueda.

El Administrador de QueEsGoogle.Com

Agrega tu comentario