Entendiendo el concepto de deuda técnica

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El concepto de deuda técnica es un eufemismo acuñado originalmente por el programador norteamericano Ward Cunningham y aprovechado para comprender las consecuencias de una falta de interes al desarrollo de software o al despliegue de hardware, reflejado en forma de falta de actualización, mal mantenimiento, errores no subsanados, insuficiente dominio de versiones, problemas de escalabilidad, o integración desordenada de nuevas funcionalidades.

En varias organizaciones, el concepto de deuda técnica tiene su reflejo en la persistencia de desarrollos de software anticuados y no migrados a tecnologias mas eficientes, los llamados sistemas heredados o legacy systems. La deuda técnica se contrae cuando determinadas actividades necesarias para asegurar la funcionalidad o la escalabilidad de los sistemas son pospuestas por deducciones habitualmente presupuestarias, por una insuficiente asignación de prioridades, por una falta de sensibilidad de los directivos con la tecnología o por deducciones de otros tipos, y se acumula en forma de interés, que se acumula aumentando el costo de subsanar el problema. En no pocos casos, el importe de la deuda técnica viene a ser incalculable, y se refleja en la imposibilidad de incluir funcionalidades consideradas críticas para el funcionamiento del negocio o inclusive en la disrupción del mismo.

El pasado 27 de mayo, British Airways experimentó una catastrófica caída de sus sistemas que produjo que próximamente 75,000 pasajeros en los 2 aeropuertos mas fundamentales de Londres viesen sus vuelos cancelados o retrasados durante horas, no pudiesen despegar ni recuperar su equipaje, y permaneciesen creando cola durante horas a la espera de algún tipo de explicación. El error tiene lugar en el entorno de una polémica gestión del español Alex Cruz como CEO de IAG, que engloba además a compañías como Iberia, Vueling o Air Lingus, caracterizada por agresivas reducciones de costes y por la subcontratación progresiva de los sistemas de la compañía, una política bastante común dentro de la compañia del transporte aéreo. Las declaraciones de Cruz el dia de la caída no fueron consideradas por la totalidad como una gestión de crisis satisfactoria, y los consecutivos intentos de explicar los problemas, apuntando a “un empleado de una subcontrata que apagó el interruptor que no debía“, tampoco parecen inspirar demasiada confianza.

La persistencia de sistemas legacy en la compañia de las aerolíneas es sumamente elevada. La dependencia de sistemas de reservas con dificiles esquemas de propiedad y la escasa interes a los aspectos vinculados con la tecnología ha redundado en que varias aerolíneas acumulen una fortísima deuda técnica: sistemas anticuados que han transformando de forma descontrolada y a golpe de parche durante décadas, que conforman silos incompatibles entre diferentes áreas, y que ignoran la funcionalidad de los sistemas modernos. Resulta perfectamente normal, por ejemplo, que los sistemas de reserva estén totalmente desconectados de los de CRM y aplicaciones de fidelización, impidiendo de facto a la aerolínea una gestión proactiva de la satisfacción del cliente. Con el paso de los años, la persistencia de sistemas anticuados, cada vez mas inestables, incapaces de escalar y de incluir nuevas funcionalidades da lugar a una deuda técnica cada vez mayor, que completa redundando en problemas de todo tipo. Son las consecuencias de una cultura del tipo “si sirve no lo arregles” aplicada a un entorno de un dinamismo y cambio rapidísimo, en el que no mantenerse actualizado en sistemas considerados claves para el negocio completa siempre por ser una mala decisión. Tras varios años criticando a los tecnólogos porque eran “como las aves, que estaban siempre migrando”, algunos comienzan ahora a caer en la cuenta de que tanta evolución no era un capricho, sino el efecto lógico de un entorno en permanente avance.

Cuando veas sistemas anticuados, pantallas de fósforo verde en entorno carácter y tecnologias que recuerdan a las que veías hace décadas, piensa que no se intenta simplemente de una compañia conservadora, que prefiera apostar por tecnologias muy probadas o que mantenga una política austera: es que estás tratando con una compañia que acumula una significativo deuda técnica, y que eso la hace intrínsecamente mas proclive a fallos que afecten a la continuidad de su negocio. Son, en esencia, compañías menos fiables, que han pospuesto a lo largo del tiempo modificaciones y actualizaciones críticas, y que han desordenado la integración de funcionalidades o lo han hecho a golpe de parches sucesivos. En las compañías con abundancia de sistemas legacy que acumulan una progresivo deuda técnica no es sencillo hallar talento de desarrollo, porque no resultan retadoras ni atrayentes para nadie: las actividades de mantenimiento predominan cada vez mas sobre las de desarrollo, y las individuos que se permanecen en la compañia son, cada vez más, las que se especializan en idiomas y funcionalidades que no se ven en otros sitios, constituyéndose en una especie de “sedimento” que pierde precio en el comercio y que tienden a crear el dilema aún mas complejo. En el entorno de unos negocios en los que la tecnología juega cada vez un papel mas crítico, nada bueno puede salir de la deuda técnica, mas allá de la verificación de que los directivos de una compañia carecen de la sensibilidad bastante como para apreciar su importancia. La subcontratación, en varios casos, completa por convertirse en el último recurso de ahorro de costes, y en varios casos tiende a empeorar el dilema alejando las preocupaciones de unos directivos ya de por sí no muy conscientes de su importancia.

El error de British Airways es exactamente eso: un dilema de deuda técnica impagada, con unos intereses acumulados durante años, que terminan por producir ocasiones insostenibles. Y en ese estado, desgraciadamente, hay muchísimas compañías más, fruto de varios años de negocios dirigidos por individuos que no entendían ni querían comprender la importancia de la tecnología. Ahora, la transformación digital se ha vuelto un factor crítico para la competitividad, y es difícil construirla sobre sistemas legacy totalmente anticuados y parcheados hasta el límite. ¿Serías apto de valorar la deuda técnica en tu compañía? ¿Las malas decisiones que han incurrido en que la tecnología se aleje cada vez mas de la que define “el estado del arte” en tu industria? Las deudas, de un modo u otro, terminan por pagarse…

 


Enrique Dans



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