Equivocándose de enemigo

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La obsesión de los taxistas con compañías como Uber o Cabify es algo que cada dia me llama mas la atención. Lógicamente, los componentes que mas llaman la interés a las individuos y colectivos son aquellos que ocurren en su entorno cercano, no los que conocen de forma remota y como parte de un proceso cuya evolución y análisis, muy posiblemente, les trasciende.

En este sentido, resulta relativamente fácil comprender que un taxista reaccione mal cuando aquella licencia por la que pagó una auténtica barbaridad de dinero porque representaba la posibilidad de explotar un recurso, el transporte de viajeros, de una forma practicamente exclusiva, se vea ahora confrontada con un competidor salido de la nada y que ni siquiera tiene que crear frente a varias de las obligaciones que ellos llevan toda una vida experto soportando. Que una version como los conductores de vehículos de lujo con licencia VTC se convierta de repente en algo que ya no solo no es de lujo por su posicionamiento en su precio, sino que además, esta al alcance de cualquiera mediante un simple clic, y recoge y deja pasajeros en “santuarios” como las estaciones de trenes o los aeropuertos es algo probablemente complicado de aceptar, y que además, lo haga totalmente dentro del marco legal, probablemente más.

Sin embargo, cada dia se ve mas claramente que compañías como Uber o Cabify no son en absoluto el rival al que los taxistas tienen que crear frente. Estudiemos las novedades recientes: Mercedes revela que mostrará taxis totalmente autónomos en un plazo de 3 años, cumpliendo los plazos que algunos llevamos ya tiempo aventurando. Con ello conseguirá presumiblemente adelantarse a compañías como Ford y BMW, que prevén anunciar una propuesta parecido un año mas tarde, en 2021, y a GM con Waymo, que hablan del mismo año pese a que no aventuran una fecha concreta. Uber, por su parte, lleva desde el pasado septiembre moviendo a pasajeros en ciudades como Pittsburgh, San Francisco y Tempe en vehículos Ford y Volvo, pese a que todavía no son totalmente autónomos (de hecho, precisan todavía de suficientes intervenciones del conductor), y tiene firmado un convenio con Daimler para que la marca opere sus vehículos a través de la plataforma de Uber en cuanto estén disponibles. Y algunas otras compañías apuntan en la misma dirección.

La pequeña ciudad de Innisfil, en Ontario, de unos treinta mil habitantes, ha tomado una decisión todavía mas drástica: ha echado el cierre a su metodo de transporte público mediante autobús urbano, y ha contratado a Uber por una tarifa plana de unos $ 75,000 anuales, un costo sensiblemente inferior al que cree operar sus autobuses, para que opere el servicio mediante Uber Pool. Cuando ese servicio sea operado de forma autónoma, sus costos descenderán todavía más.

La cuestión no puede estar mas clara: el dilema de los taxistas no se llama Uber o Cabify. El dilema es que en un plazo de 3 años, comenzaremos a visualizar beneficios de taxi ofrecidos mediante vehículos autónomos, sensiblemente mas baratos porque eliminarán el costo del conductor, y que además, serán percibidos como mas seguros, porque pese a que no sea fundamentalmente usual que un taxi tenga un accidente, ese tipo de incidencias se reducirán todavía mas cuando esos vehículos estén repletos de sensores, cámaras y radares, puedan “ver” en 360º, tengan unos reflejos perfectos, no se distraigan, no se piquen con el conductor de al lado y no tengan cambios de humor.

Los taxistas no desaparecerán porque nadie los prohiba, sino porque sencillamente, comenzaremos a visualizar beneficios basados en vehículos autónomos en cada vez mas sitios, en todos aquellos entornos en los que por su volumen, exista una posibilidad de sacar una rentabilidad interesante. Dado que el primordial beneficio de estos vehículos se consigue cuando están en constante operación, es factible que esta sustitución tarde un poco mas de tiempo en pueblos muy diminutos en los que los taxis pasan mucho tiempo en la parada sin estar operativos. Pero en entornos urbanos… permanecen eso, unos 3 años. Si lo deseas visualizar todavía como ciencia-ficción, es dilema tuyo. Tres años es lo que hay, menos tiempo de lo que duran varios automóviles. Uber o Cabify no son un problema. De hecho, sus conductores, esos con licencia VTC que tantas protestas generan en el colectivo de taxistas, van a tener el mismo dilema que ellos: se quedarán sin trabajo precisamente igual.

Piénsalo: 3 años. Y a la hora de planificar tu futuro, actúa en consecuencia.

 


Enrique Dans



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