Facebook y el comodín del público

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Como parte de su dimensión para arreglar los problemas de Facebook, Mark Zuckerberg ha anunciado una nueva entrada en su página en la que enfoca varias ideas sobre como intenta llevar a cabo la selección de novedades que los visitantes podrán visualizar en sus News Feeds.

Y si lprimera medida, actualizar el News Feed para reducir el alcance de las novedades y los vídeos, y reforzar la presencia de los contenidos creados por tus amigos, abrió la polémica sobre la interacción entre la red social y los medios de comunicación, la segunda ofrece realizarlo mucho mas aún: segun Mark, la compañia debe crear un ranking con la fiabilidad de las fuentes de información, sin embargo dado que no se sentía cómoda tomando la decisión sobre qué medios deben ser considerados fuentes confiables, y que tampoco veía con buenos ojos la oportunidad de inventar un comité externo para ello, se ha determinado por la tercera posibilidad: la de preguntar a sus usuarios

Las preguntas son inmediatas: ¿podemos fiarnos de la opinion de los visitantes de una red a la hora de decidir qué fuentes son fiables y cuáles no? La pregunta es la misma que suele utilizarse a la hora de criticar la democracia como sistema: ¿por qué los votos de determinadas individuos valen tanto como los de otras? ¿Qué ocurre en una red de mas 2 mil millones de visitantes cuando, por ejemplo, todos los lectores de una fuente abiertamente sensacionalista, ferozmente sesgada o fuertemente polémica es artificialmente considerada por todos sus lectores habituales como la mas fiable? Después de todo, los diarios sensacionalistas están entre los mas conocidos en varios países, lo que indica que, obviamente, tienen un público, algo que probablemente forma parte de la condición humana.

Según la escasamente detallada entrada de Mark, la idea es preguntar a los visitantes su nivel de familiaridad con una fuente determinada, para ultimamente pedirles que se pronuncien sobre su fiabilidad. Lo que supuestamente se intenta es separar aquellas publicaciones que solamente son consideradas fiables para sus lectores o observadores, frente a aquellas que llegan como ampliamente fiables para toda la sociedad, inclusive para aquellos que no las siguen directamente. Al suprimir de la muestra a aquellos que no están familiarizados con una fuente, el efecto pasa a ser una proporción entre aquellos que confían en una fuente y aquellos que están familiarizados con ella, lo que, de nuevo, vuelve a plantear todo tipo de preguntas: ¿qué ocurre a la hora de intentar preservar un equilibrio entre las fuentes grandes, evidentes y fuertemente consolidadas o establecidas, frente a publicaciones mas pequeñas, especializadas, o de nueva creación? ¿Se convertirá Facebook® en un “club de viejas glorias” en el que solamente se permite a “las fuentes de toda la vida”? ¿Cómo eludir que los visitantes mientan, y distorsionen esa  proporción afirmando tener familiaridad con una fuente pese a que no la tengan, calificándola como no fiable pese a que sepan que realmente lo es, o viceversa? ¿O inclusive que las propias publicaciones llamen a sus lectores a tomar partido, editorialicen sobre las pretensiones de Facebook, y pretendan inventar tacticas para manipularlas? Después de todo, es mas que factible que una enorme proporción de los que comparten novedades falsas lo hagan sabiendo perfectamente que son falsas, sin embargo pretendiendo expandir su alcance porque, sencillamente, esas falsedades son mentiras que quieren creerse, que desearían que fueran ciertas, o que coinciden bien con su visión del mundo.

Las novedades falsas no responden a una dinámica única, no son fácilmente visitantes engañados por un poseedor o por un contenido. En realidad, el dilema es mucho mas complejo, y esconde desde intereses definidos, hasta, en ocasiones, simple curiosidad, morbo o interes por visualizar argumentos contrarios. Después de todo, el comodín del público, el simplemente anunciar una pregunta a la audiencia considerándola a toda ella apta para contestarla, genera en varias situaciones soluciones ampliamente desinformadas, en función de la creencia mas popular, de las mentiras preferible vendidas o mas atractivas, o simplemente de lo que cree alguien que no tiene preparación para dar una respuesta. La pregunta directa de como de fiable es una fuente es mas que factible que no responda a las funciones de la fuente, sino a la distancia ideológica entre su linea editorial y las opiniones de la persona que opina sobre ella. ¿Es factible evitar, descubrir o tener en consideración estos factores a la hora de tomar decisiones sobre qué fuentes de información son consideradas fiables y cuáles no? ¿Que puede hacerse algorítmicamente a la hora de descubrir esos patrones de factible fraude, sea intencionado o desarrollado artificialmente como parte del funcionamiento del sistema? ¿Puede llegarse a una unica clasificación universal sobre fiabilidad? ¿Cuál puede ser el efecto de tal intento?

 


Enrique Dans



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