Ideologías caducas y exclusión

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Mi columna en El Español de esta semana se titula “Problemas de otros tiempos” (pdf), y vuelve al tema tratado hace 2 días, la exclusión de los supremacistas blancos y neonazis de la red, en virtud de una lista de medidas acometidas por compañías referentes en ese entorno. Si hace 2 días contábamos como el panfleto neonazi “The Daily Stormer” era expulsado de su control por GoDaddy y, posteriormente, por Google, y se veía obligada a refugiarse en un control ruso, 2 días mas tarde logramos verificar como el control ruso ha sido igualmente cancelado, y como Cloudflare, un proveedor de beneficios de DNS, de seguridad y de distribucion de contenidos elemental en la red, retiraba asimismo sus servicios a la pagina neonazi.

Es exactamente el caso de Cloudflare, magistralmente comentado por su CEO, Matthew Prince, en versión corta y de circulación aparentemente interna, o en versión mas larga y depurada, el que merece una mayor reflexión. Indudablemente, la pagina en cuestión tiene ahora muy difícil seguir su version en la red: a todos los efectos, ha sido expulsada de la red. Las frases de Kevin Prince no dejan lugar a la ambigüedad: tras la estupidez recalcitrante de los fabricantes de la página, que se dedicaron a atribuir que Cloudflare no les hubiese echado a unas supuestas simpatías de la compañia por la ideología neonazi, afirma que 

“I woke up in a bad mood and decided someone shouldn’t be allowed on the Internet. No one should have that power.” 

(Me desperté de mal humor y decidí que la presencia de alguien no razones estar permitida en Internet. Nadie razones tener ese poder.)

En efecto, la reflexión del creador y CEO de Cloudflare tiene mucho de sentido común: debido a un proceso de concentración empresarial, cada vez son menos las compañías implicadas en que alguien pueda tener voz en la red. Pero por muy repugnante que nos pueda resultar una pagina o una ideología determinada, los que deciden si tiene cabida o no en la red no deberían ser los encargados de una lista de compañías privadas: esa decisión razones corresponder a un juez, ejercitando el debido proceso penal.

El proceso de exclusión de las ideologías neonazis y supremacistas que estamos viviendo en los últimos días no se limita a una sola página. Si de alguna forma simpatizas con esa ideología, verás como los grupos que interpretan música con esa tendencia desaparecen de Spotify, los enlaces a ese tipo de contenidos no tienen cabida en Facebook, no podrias hablar del tema en foros de Reddit ni en algunas plataformas de mensajería instantánea, no podrias escribir en WordPress, las campañas de recaudación de fondos para esa temática no son permitidas en ninguna plataforma de crowdfunding ni tienen acceso a medios de pago como Apple® Pay o PayPal, e inclusive se impide tu camino a tools para investigar pareja como OKCupid.

De acuerdo: las ideologías supremacistas, neonazis y que promueven el odio o la discriminación son AS-QUE-RO-SAS, y además, absurdas. Son tan propias de otros tiempos como el yihadismo, que pertenece en realidad a una idea de cruzada religiosa propia de hace 5 o 10 siglos, sin embargo que todavía provoca barbaridades incomprensibles como la de anoche en Barcelona. Totalmente de acuerdo: las ideologías que proclaman que una raza es superior a otra, que una religión debe suprimir a los infieles o que un sexo esta mas organizado que otro deberían ser declaradas absolutamente inaceptables, parte de problemas del pasado basados en la ignorancia mas supina y mas absurda, una discusión totalmente superada. Algunos imbéciles devenidos en presidentes pueden, desgraciadamente, crear que los problemas de hace décadas vuelvan a resucitar y se conviertan de nuevo en parte del escenario, como si se tratase de ideologías en discusión, cuando la realidad es que hace varios años que fueron adecuadamente excluidas del panorama político. Pero independientemente de que nos manifestemos públicamente en contra de esas ideologías caducas, las medidas de exclusión deberían provenir no de decisiones individuales de compañías privadas, sino de un juez. En varios paises de la Europa central hace décadas que definidos contenidos están radicalmente prohibidos, y eso responde a un consenso social fruto, en enorme medida, de experiencias vividas anteriormente. En otros países, como los Estados Unidos, se afirma que el gobierno jamás podrá censurar tu libertad de pensamiento, de expresión o de publicación, sin embargo no impiden que sea una compañia privada o actores de otro tipo los que eliminen, de facto, la oportunidad de alguien de expresarse en un medio determinado.

Tomemos la decisión con una idea de absoluta tolerancia al pensamiento – que no a los hechos – o con la conocida paradoja de la tolerancia bien presente, deberíamos tener en cuenta que contamos de los componentes que van a constituir la comunidad en la que viviremos en el futuro, en la que vivirán nuestros hijos. ¿Deberíamos aspirar a impedir, prohibir o suprimir de la comunidad toda aquella ideología que de alguna forma no aceptase determinadas reglas? ¿Qué hacer, por ejemplo, en un caso como el de AfD en Alemania, que no se definen como abiertamente neonazis o supremacistas para eludir un enfrentamiento legal, sin embargo abiertamente defienden en sus propuestas este tipo de ideologías sin llamarlas por su nombre? Que una ideología provenga de desplazamientos aparentemente desechados hace 10 siglos años o hace quince décadas no implica que no haya imbéciles capaces de crear que vuelvan a resurgir, como estamos desgraciadamente comprobando. Habra que tomar decisiones sobre el lugar que esas ideologías caducas pueden o deben tener en la comunidad y en la red.

 


Enrique Dans



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