Las paredes tienen oídos

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Una tendencia preocupante en los Estados Unidos que sin desconfianza empezaremos a visualizar en no mucho tiempo en otros países: la instalación de sistemas de grabación de audio en espacios públicos y medios de transporte colectivos como autobuses, trenes y metros en los que se busca capturar evidencias de tareas terroristas o delictivas.  La iniciación cree una extension de las ya habituales cámaras de supervisión que tapizan casi de forma termina varias ciudades, de forma que sean capaces de capturar mediante los dispositivos adecuados toda una resolución complementario de la version de los ciudadanos: sus conversaciones.

El Senado del estado de Maryland, por ejemplo, acaba de legislar limitaciones a estos aplicaciones de grabación de conversaciones, que hasta el instante se estaban fabricando de forma totalmente indiscriminada como es el caso en otros estados. Tras la promulgación de la ley, las escuchas solo pueden ser llevadas a cabo en la zona próxima al conductor, cuando el conductor active el metodo ante un incidente, o por activación automática tras un frenazo brusco o un impacto, también de imponer límites a la factible publicación de las charlas recogidas. En este estado, las tareas de grabación venían desarrollándose desde el año 2012 sin ningun tipo de restricción, y en la actualidad, el 65% de los autobuses y el 82% de los vagones de metro poseían la infraestructura para llevarlas a cabo, pese a que en varios casos no estaba en uso.

La idea se asemeja enormemente a los escenarios distópicos recogidos en esa enorme novela de George Orwell escrita en 1949 que cada dia parece mas premonitoria, 1984, en la que el protagonista, Winston Smith, solo contaba con un diminuto rincón en su home que quedaba fuera del ángulo cubierto por las cámaras y en el que podía aspirar a que, si susurraba de forma muy tenue, no le captasen los micrófonos colocados estratégicamente por el estado. Unos micrófonos cuyo poder no solo esta en la capacidad de grabar, sino también el que el ciudadano sepa que existen y no sea apto de saber cuando están o no están en uso, dando lugar a una sensación de supervisión constante y ubicua.

Las legislaciones restrictivas de este tipo de tareas de supervisión o la cancelación termina de las mismas esta teniendo lugar solamente en aquellos territorios en los que surge un activismo ciudadano o protestas reclamando su control. En aquellos territorios donde no son controladas, las autoridades saben que dicen con la oportunidad de reclamar, también de las ya habituales grabaciones de cámaras de seguridad, las grabaciones de audio de instantes concretos en los que un sospechoso pudiese estar usando el espacio público.

La próxima vez que subas a un medio de transporte público y vayas hablando con alguien, plantéate lo que podría ser que, del mismo modo que hemos ya pasado a considerar las cámaras de grabación de vídeo como una parte usual del paisaje, comencemos a aceptar como normal que las paredes tengan oídos y nuestras charlas estén siendo grabadas de forma sistemática como parte de un software que intenta maximizar nuestra seguridad. Simplemente plantéatelo, a visualizar como te sientes. ¿Pronto, en un vagón o autobús cercano?…

 

 


Enrique Dans



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