Los derechos de autor II: protección de la propiedad intelectual

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“Contra el salteador, el cuatrero y el ratero hay la acción criminal. Contra el delincuente literario no hay nada y, además, el robado costea el valor de la magnesia para pagar la bilis que produce el despojo.”

(Ignacio Manuel Altamirano. Político mexicano. 1834-1893)

© jcomp – Fotolia.com

Los derechos de autor, tal y como veíamos en un post previo, son aquéllos que corresponden a un inventor por el mero hecho de la creación original de una obra literaria, artística o científica y que se agrupan, segun la Ley de Propiedad Intelectual, en derechos morales (por ejemplo, ser identificado como inventor o decidir como se va a publicar la obra), derechos patrimoniales (la explotación de la obra, en definitiva) y un 3° clan de derechos mas o menos accesorios que crean referencia a la compensación por reproducción privada.

Pero hoy no voy a acceder en la consideración de los derechos de inventor o del concepto mismo de inventor sino que pretendo comentar, pese a que sea a vuela pluma, la seguridad penal que en vuestro ordenamiento jurídico merecen estos derechos y que, no escasas veces, resulta incomprensible.

Para comenzar, os plantearé un reto, unas preguntas, que os ruego respondáis con sinceridad: ¿alguna vez habéis visto una película o lista por Internet u os habéis descargado libros o música? ¿Habéis pagado por ello? ¿En qué se diferencia visualizar una película o lista por Internet sin pagar, o descargarse un libro o música además sin pagar, de colarse en el cine sin pagar o robar un libro en la librería de la esquina?

Si bien es cierto que unas cosas y otras no son lo mismo, tampoco están muy lejos conceptualmente y seguro que a varios inventores de las obras en cuestión les parece un robo. No obstante, no es mi finalidad laudar o criticar actitudes u opiniones; simplemente, planteo un tema: ¿la autoría de una obra debe ser protegida por el Derecho?

Nuestro legislador, y en la práctica, todos los legisladores de vuestro entorno, sostienen que la autoría y los derechos de inventor que le son anejos sí que merecen protección, lo cual se demuestra en que el Código Penal dedica la Sección 1ª del Capítulo XI, artículos 270 a 272 del Código Penal, a la tipificación de los delitos relativos a la propiedad intelectual; delitos que, a la sazón, han sido modificados en 2015 para intentar modificar la seguridad a los tiempos que corren y a las nuevas conductas que se consideran reprimibles y sancionables y que han recibido abono y cultivo en este terreno indómito que es Internet. Ahora bien, la regulación es discutida, discutible y mejorable pero, de momento, y razones subrayar lo de la temporalidad, visualizar pelis por Internet no es delito.

De esta forma, el delito de plagio tradicional, que consistía en copiar una obra y hacerla suceder por propia, se ha ido complicando con el paso de los años, castigándose recientemente a quien “con ánimo de sacar un beneficio economico directo o indirecto y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya, comunique públicamente o de cualquier otro modo explote económicamente, en todo o en parte, una obra o prestación literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios”. Como veis, el delito comprende multitud de conductas, todas ellas relacionadas con la explotación inconsentida y beneficiosa de los derechos de autor.

La mayor novedad, sin embargo, reside en otra de las modificaciones, la relativa al camino o ubicación de las obras protegidas a través de Internet “en particular claro listados ordenados y clasificados de enlaces a las obras y contenidos”, lo que no deja de constituir una clara referencia a un cierto tipo de paginas web(www) en las que todos entendemos que se pueden hallar ese tipo de obras.

La regulación, lógicamente, no se agota en estas 2 menciones. Con mucho arte y poca técnica legal, el Código Penal, de corrido y sin tomar aire, continua enumerando conductas punibles (importar y exportar, almacenar, evitar los medios tecnicos o facilitar que se eludan y favorecer o facilitar cualquier de las conductas antes descritas) y agravando penas.

Pero, como os decía antes, de momento, al menos de momento, el visualizar las obras no esta penado.

 

José Hernández Director de Penal en Dyr Abogados , tutor en la UNED de Zamora y escritor en el blogger de Te Lo Cuenta Tu Abogado, blogger de divulgación del derecho que intenta temas de actualidad jurídica, derecho cotidiano, derecho para estudiantes o derecho especializado. 

 

 

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