Repensando la identificación

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Google revela que su Project Abacus, mostrado en mayo del año pasado, estará disponible para programadores en el entorno Android a terminos de este año. El proyecto, que ha sido calificado por algunos como “creepy”, plantea la sustitución de las passwords por un conjunto de documentos tomados de patrones del usuario, que incorporan desde su forma de teclear o caminar, hasta cuestiones como su localización, funciones de la voz o reconocimiento facial, entre otras cosas, para edificar un trust score acumulativo que  sirve para autenticarte.

En la práctica, el proyecto es ni mas ni menos que un analisis biométrico continuo, una sigue monitorización mediante los sensores de un equipo llevada a cabo con el fin de verificar que, efectivamente, somos nosotros los que lo llevamos encima o lo utilizamos. La idea es suprimir la obligación de introducir contraseñas, números de identificación o patrones en una matriz de puntos que han comprobado ser escasamente eficaces y generar, además, una cierta incomodidad derivada del hecho de tener que introducirlos cada vez que pretendemos relacionarnos con el dispositivo.

Combinar este tipo de proyectos y tecnologias con tendencias como el pago electrónico genera escenarios que, aunque todavía alejados del nivel de perfección que posibilita un uso cotidiano cómodo, nos llevan a especular sobre varias posibilidades. La progresiva sensorización de cada vez mas dispositivos convierte la identidad de una persona en un conjunto de documentos generados con unos ciertos patrones, lo que implica que logramos relajar algunos de los requisitos si logramos sacar una razonable confianza usando otros. Plantear una identificación mediante huella digital, por ejemplo, no resulta fundamentalmente seguro si tenemos en cuenta que nuestra huella esta habilitada en cualquier objeto que toquemos o inclusive en varias fotografías, sin embargo también de elevar sensiblemente el nivel de pericia imprescindible para que alguien se plantee suplantar nuestra identidad para abrir vuestro dispositivo, puede

El sensor de huella digital de un smartphone, por ejemplo, necesita un nivel de precisión bastante como para crear una identificación razonablemente buena de una huella que, segun el momento, se apoya en el sensor de formas diferentes, en circunstancias variadas de limpieza, de nivel de hidratación o de otras circunstancias que puedan afectar a la huella. El nivel de tolerancia, por tanto, tiene que tener en cuenta estos factores: si es muy bajo y exige una lectura muy rigurosa, habría un subido numero de situaciones en las que nos enfrentaríamos con el dilema de no poder desbloquear vuestro dispositivo. De ahí la obligación de disponer de un procedimiento alternativo, como el PIN. No obstante, si en un numero subido de situaciones nos viésemos obligados a recurrir al PÎN, es claro que terminaríamos por desconectar el sensor de huella por resultar poco práctico. Cuando nos planteamos métricas basadas en la biometría, este tipo de factores de redundancia pasan a tener un precio fundamental: no se intenta de reconocer a alguien por su paso, por su cara, por su localización, por su voz o inclusive por su ritmo cardíaco, sino por una mezcla de muchos de esos factores, del mismo modo que se hace con el llamado device fingerprinting: si estás en un sitio reconocido como habitual, como tu home o tu despacho, la precisión de otros requisitos pueden relajarse sensiblemente, o si la mezcla de muchos factores apuntan a que efectivamente eres tú, logramos no requerir otros datos.

La paradoja es evidente: en el planeta actual, objetos como las llaves ya no tienen ningun sentido, podríamos usar infinidad de procedimientos que evitarían que cargásemos con ellas (y en mi caso, que me las olvide en todas partes)… sin embargo las llaves siguen siendo el mecanismo de protección empleado en el 99% de las puertas. Para desbloquear un dispositivo, estamos en el mismo caso: los patrones pueden inferirse por la grasa de las manos, las passwords pueden verse por encima del hombro… sin embargo sigue siendo lo que usamos en la inmensa totalidad de los casos. En el fondo, se intenta de investigar un compromiso razonable entre protección y comodidad, teniendo en cuenta que el numero de variables que logramos usar para ello, en un planeta cada vez mas sensorizado, ha crecido. ¿Estamos listos para que nuestros dispositivos nos identifiquen mediante una lectura biométrica constante? ¿Nos parece la perspectiva de una lectura biométrica sigue algo espeluznante, o estamos dispuestos a ello a cambio de disfrutar de una comodidad mayor?

 


Enrique Dans



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