Sofisticando al Gran Hermano empresarial

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Un capítulo en The Guardian, Big Brother isn’t just watching: workplace surveillance can track your every move, acepta percibir como esta evolucionando la supervisión de los trabajadores en los Estados Unidos, en donde la discusión sobre la supervisión en entornos laborales no se ha visto afectada por la sentencia del caso Bărbulescu v. Rumanía que asegura que “las directrices del empresario no pueden disminuir a cero la vida social privada en el lugar de trabajo”.

El capítulo describe un panorama totalmente agobiante determinado no solo por la supervisión durante las horas de trabajo o por el dominio de las comunicaciones de todo tipo, sino inclusive por sistemas como patrones de navegación online, lectores de teclado, monitorización de mensajería instantánea, redes sociales, etc. La auténtica disfuncionalidad de los entornos profesionales, en los que el nivel de supervisión se eleva hasta el mas absoluto de los absurdos en manos de directivos controladores hasta el límite del absurdo, patéticos aprendices de los peores tiempos de la Stasi.

Compañías que vigilan a sus empleados hasta el punto de conectar la cámara de sus computadores cada 10 minutos, revisando sus comunicaciones o usando métricas como el numero de correos electrónicos enviados, el numero de teclas pulsadas o las horas delante de la pantalla como indicadores de productividad, amparándose en requerimientos legales como la obligación de manejar las comunicaciones en empresas financieras para eludir casos de uso de información privilegiada, o en otras empresas para manejar el desempeño de requerimientos regulatorios (compliance). Como ocurre siempre en este tipo de casos, la supervisión diseñada para eludir un comportamiento ilegal disuade rápidamente al atraído en llevarlo a cabo, que pasa a optar por otros canales o metodologías, y se convierte en una forma de vigilar de forma totalmente injustificada a todos los demás. Metodologías de dominio que deberían limitarse a un examen excepcional en caso de sospecha, convertidas en objeto de dominio usual exhaustivo y agobiante, en maneras absurdas de pretender disminuir la version experto a la tarea de un autómata.

El capítulo de The Guardian examina productos de compañías como Crossover, InterGuard, Wiretap, Teramind, Digital Reasoning, Qumram, Fama y otras similares que, con la excusa de fomentar entornos profesionales mas seguros, mas controlados o con menores riesgos pueden ser utilizadas para producir unos niveles de supervisión y monitorización que deberían ser considerados como absolutamente inaceptables, y que atacan la misma esencia de la dignidad humana. En efecto, la tecnología nos promete oportunidades inigualables para crear determinadas cosas, pero… ¿es bueno realmente hacerlas y llevar esas oportunidades hasta su límite? Una lectura atrayente que acepta entrever un conjunto de tendencias preocupantes, que afortunadamente tienen mas limitaciones regulatorias en entornos europeos, sin embargo que no sería raro visualizar planteadas en el entorno de determinadas culturas empresariales.

Si como directorio analizas que la tecnología es una tool para producir ambientes de supervisión y dominio total, teneis un serio dilema psicológico. Nada, ni la compliance, ni los riesgos de protección ni la productividad justifica que sometas a tus trabajadores a entornos de ese tipo. Por varias oportunidades que ofrezca la tecnología, los entornos de trabajo del futuro tienen necesariamente que evolucionar de otra manera.

 


Enrique Dans



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