Todo es un ordenador

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Llevamos ya años acostumbrados a la idea de tener computadores por todas partes: de verlos en nuestros puestos de trabajo, pasamos a verlos en nuestros hogares, de ahí a nuestros bolsillos, y de ahí, básicamente, a todas partes. Un computador ya no es un computador tal y como lo conocemos. Hoy, un computador puede ser un minúsculo artefacto de 10 euros con capacidad de proceso y conectividad, como el Raspberry Pi Zero W de la imagen, o puede ser un automóvil, al que ya varios llevamos tiempo refiriéndonos como “un computador con ruedas“.

Pero la cosa, en realidad, va mucho mas allá. Cuando un computador puede ser cosas tan dispares, el próximo paso es embocar un computador en todas partes. La venida de la internet(www) de las cosas implica, cada vez más, que todo se convierta en un ordenador. Entro por la puerta de mi home cuando el computador de la cerradura de mi puerta descubre mi computador de bolsillo, enciendo las luces y decido la escena que quiero componer con un computador asociado a ellas, con el que interacciono mediante la voz con otro computador puesto en mi salón. Mi televisión, mi dispositivo de música, mi alarma, mi metodo de riego, mi termostato o mi detector de humos… todo, de una forma u otra, son computadores conectados.

Todos esos computadores generan flujos de documentos constantemente. Se calcula que un vehículo conectado enviará a la nube cada hora veinticinco gigabytes de información, que tendrán que comunicarse a través de redes 5G ultrarrápidas para poder ser accionables con la rapidez necesaria. Y como un automóvil, además transmitirá documentos continuamente nuestra ropa, nuestros wearables, y hasta las calles o carreteras por las que transitamos. Todo aquello con lo que interaccionamos se esta transformando en un computador conectado y generando un flujo de documentos permanente hacia la nube con su actividad: el computador que llevamos en el saquillo será encargado de nuestra identidad, de nuestros pagos, de nuestra comunicacion y de nuestra localización. ¿Qué sentido tiene un DNI cuando un smartphone puede ser una prueba mucho mas fehaciente de nuestra identidad? Flujos permanentes de documentos cada vez que damos un paso o que interaccionamos con algo. Transacciones de todo tipo inclusive acciones que jamás pensamos que constituirían una transacción, convertidas en bits, transmitidas a la nube y almacenadas en cadenas de bloques.

Ya conectamos desde los juguetes de los niños hasta los juguetes sexuales, lo que genera la claro obligación de cuidar nuestros documentos para eludir usos no deseados o no autorizados. Si todo es un ordenador, tenemos que comprender la obligación de tratarlo como tal, con todo lo que ello conlleva, incluida la obligación de mantenerlo seguro y de retransmitir sus documentos a través de redes adecuadamente cifradas. Que los últimos ataques de denegación de servicio hayan aprovechado aparatos conectados tan insospechados como cámaras, detectores de humos o termostatos deja totalmente claro de qué estamos hablando.

El computador ha dejado de ser un artefacto que manejamos para llevar a cabo determinadas tareas, y ha pasado a ser el alma de todo aquello con lo que interaccionamos: los infinitos dispositivos que hoy son alternativas para geeks tendrán pronto una oferta de precio tan enorme que varios se harán cruces pensando cómo podían crear las cosas que crean cuando esos artefactos no eran intelligent o no estaban conectados. La red que conocimos como un detalle anecdótico que nos permitía comunicarnos o entrar a información, hoy es el tejido conectivo que intercambia flujos de información sobre todo lo que hacemos, y aunque definitivamente necesite varias mejoras, va a continuar siéndolo nos pongamos como nos pongamos.

Esa es la realidad a la que vamos, y cada vez más, en la que estamos. No contamos de ciencia-ficción, no son historias futuristas, no son extravagancias: es una evolución imparable. Quienes no quieran o no sepan planteárselo, quienes no integren esa visión de entorno en lo que hacen, verán como sus ofertas son progresivamente menos competitivas, y como terminan siendo simplemente el escondite de los desconectados, de los nostálgicos o de los excluidos.

Creo que ya tengo ideas bastantes para mi próximo libro. Voy a ponerme manos a la obra.

 


Enrique Dans



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