Tras hoteles y taxis… ¿son los restaurantes los siguientes?

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The Guardian dedica un atrayente artículo, Is it last orders for restaurants?, al milagro de las apps para comer o cenar en casas particulares, en las que individuos con cualidades culinarias diseñan experiencias para muy pocos invitados, que evitan varios de los costos implicados en la gestión de un restaurante, y que son evaluados ultimamente mediante un metodo de puntuación. Simplemente, individuos a las que les encanta cocinar y que quieren sacarse un dinero extra cocinando en sus propias casas para terceros.

Aplicaciones como EatAbout, fundada por 2 suecos en Londres que aspiran a “democratizar el comer fuera”; la israelí EatWith que opera en 135 ciudades en todo el planeta incorporando diecisiete españolas; VizEat, que promete alternativas en mas de cien paises entre los que además he hallado algunas ciudades españolas; o variaciones como DishNextDoor, en la que cocineros preparan tu comida y cena y especifican una hora para que la recojas en sus casas; o ChefXchange, en la que son los cocineros los que acuden a tu casa, cocinan para ti y lavan los platos al final, el conjunto de alternativas parece extenderse con cada vez mas planteamientos.

El impulso al tema parece provenir de la progresiva interés dedicada a la cocina, de los infinitos concursos televisivos sobre el tema, y sobre todo, de la disponibilidad de apps con sistemas que aceptan conectar sencillamente oferta y demanda en condiciones razonables que reducen una parte significativo de la incertidumbre gracias al peer-reviewing. Pero de una forma u otra, parece que inicia a resultar razonablemente fácil decidir en una ciudad, sea la tuya o una en la que estás de visita, qué tipo de cocina deseas probar, qué nivel de valor deseas pagar, y plantarte en una home particular que te ofrezca una destreza en la que varios de los componentes habituales en un restaurante se flexibilizan, como permitirte llevar el vino que tu escojas, decidir sobre el menú con antelación, comer con valor cerrado, plantear el pago de un suplemento para gozar de una destreza exclusiva para un clan frente a la oportunidad de comer o cenar con otros invitados, etc. Para los anfitriones, se plantea como la oportunidad de ponerse a prueba como cocineros manteniéndose completamente al margen de los dificiles requerimientos necesarios para montar un restaurante, simplemente claro sus beneficios en un esquema con escaso riesgo, como quien invita a unos amiguitos a cenar. De hecho, dado que el pago se efectua a través de la app en lugar de en metálico, la sensación debe parecerse suficiente a eso: llegar, cenar, saludar e irse amablemente.

Aspectos fundamentales como la higiene se suponen que son descontados por el funcionamiento de la app y sus sistemas de evaluación, que tienden a dejar fuera a quienes no estén a la altura. Obviamente, no todo tiene por qué plantearse de forma perfecta, pueden aparecer problemas, sin embargo además pueden aparecer – y surgen – con relativa frecuencia en restaurantes profesionales. Y en un comercio en el que varios visitantes no exploran tanto una comida o un valor determinados, sino mas bien una experiencia, el toque genuino y auténtico que puede darle un prototipo que se acerca a la idea de “restaurante secreto” puede, indudablemente, llegar a tener su cierto atractivo. Frente a la idea de “con las cosas de comer no se juega”, la oferta de acercarse a la gastronomía de una forma diferente, calificada por algunos como de “más auténtica”, y con la certificado que pueden brindar las evaluaciones de otros comensales anteriores.

Por el momento, este tipo de apps ya se han hallado con la oposición de las asociaciones de restauradores en París, la ciudad que ha visto la escalada mas significativo a nivel internacional de Airbnb, y que parece visualizar este tipo de “chefs en casa” como una posible amenaza en los mismos términos. El pasado octubre, Didier Chenet, director del mayor sindicato de restauradores parisinos, Synhorcat, comentó en una entrevista en la BBC que además habla de este milagro como la aparición de mas de 3 mil individuos claro comidas y cenas a domicilio en toda Francia, que “no pagan alquiler, ni impuestos, ni personal, ni tienen idea de como reaccionar en caso de alergias o de necesidades especiales” es susceptible de “poner en peligro a toda una industria”, y demandó acción por parte de las autoridades para poner el milagro bajo control. Pero la legislación en ese sentido parece suficiente laxa, teniendo en cuenta que la totalidad de las ofertas vienen de cocineros no profesionales, que no se dedican a eso de forma exclusiva, y que simplemente deciden brindar sus beneficios de forma aparentemente esporádica, como quien monta una comida o cena en su home para unos amigos.

Otro dia que pasa, otra nueva empresa que ve venir la venida de una factible disrupción marcada por la tecnología. ¿Opiniones?

 


Enrique Dans



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