Uber, el taxi volador… y la mala reputación

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Uber ha presentado, en su Uber Elevate 2018, el prototipo de vehículo que intenta usar para ofrecer taxis voladores comenzando en pruebas en el año 2020 en 2 ciudades norteamericanas, Dallas-Fort Worth y Los Angeles, con planes para convertirlo en un servicio usual en todo el planeta en torno al 2023.

Hasta aquí, todo muy bien: es cada vez mas claro que la mezcla de desarrollos tecnológicos en torno al tema del transporte aéreo va a crear marcharse varias de las barreras de entrada que había hasta el momento, y que el taxi volador va a ser una realidad mas pronto que tarde: Uber intenta comenzar con pilotos humanos, sin embargo evolucionar hacia sistemas de vuelo autónomos rápidamente. A medida que esa transición tenga lugar, se incrementará la capacidad del metodo y se reducirán los costos operacionales, posibilitando lo que la compañia afirma: que un desplazamiento por el aire termine costando una suma muy parecida a lo que hoy cuesta próximamente el mismo desplazamiento en Uber X, el servicio mas estándar de la compañía.

Sin embargo, surge un problema, y no es otro que el hecho de que hablemos de Uber, una compañia en cuyo debe ya hay no solo un largo historial de problemas regulatorios y de incumplimiento, sino inclusive una victima mortal. Una victima derivada del hecho de emprender tareas con garantías escasas, sin haber alcanzado un nivel de calidad en sus desarrollos mínimamente competitivo como para plantearse el tipo de tareas que estaban llevando a cabo y, a pesar de ser perfectamente conscientes de ello, continuar insistiendo en la version con la finalidad de ir mas rápido, en lo que cree una irresponsable asunción de un riesgo y una auténtica receta para el desastre. Esa acumulación de evidencias previas han llevado a la FAA a afirmar que mantendrá un nivel de tolerancia cero con toda version que sea o pueda ser menos segura que los estándares actuales, unos estándares que han llevado a que en los Estados Unidos lleven ya 4 años seguidos libres de accidentes en suelo doméstico con jets comerciales. Básicamente, que Uber puede lanzar lo que quiera, sin embargo que en los Estados Unidos no va a levantarse nada del suelo hasta que no obtengan convencer a la FAA de que los estándares de protección en su vigente estado se contemplan y respetan en su totalidad.

Las pretensiones de Uber son enormemente ambiciosas: que sus artefactos vuelen a una rapidez de entre 240 y 320 kmh, entre los 300 y los 600 metros de altura, sean mucho mas silenciosos que un helicóptero y hagan próximamente el ruido que hace un camión al pasar. Despegarán y aterrizarán de unas instalaciones fundamentalmente diseñadas o de azoteas modificadas, que calculan que podrán sostener una version de unos doscientos despegues o aterrizajes cada hora, próximamente uno cada 24 segundos. Podrán acabar trayecto en otras torres similares, en otras azoteas de edificios preparadas para ello, o en el suelo en áreas fundamentalmente designadas, y supondrán, supuestamente, una solucion mas para lidiar con el trafico en las ciudades.

Desde un punto de vista estrictamente tecnológico, es perfectamente factible que el transporte aéreo este suficientemente maduro como para que una solucion así sea planteable. Que también sea rentable es mas complejo si no contamos de una version sistemática, usual y de uso masivo, en lugar de ser algo mas similar a lo que hoy en dia cree darse una vuelta en helicóptero: algo plausible, sin embargo de un valor que lo sitúa mas en el ámbito de un capricho turístico o de una version para individuos con un nivel adquisitivo muy elevado. Pero que también pueda llegar a ser Uber la que lo ofrezca supondrá no solo que desarrolle esa tecnología y la despliegue, sino que muy posiblemente, debido a sus antecedentes, deba superar un nivel de inspección mucho mas subido y riguroso que el que tendría que superar cualquier otro con un pasado menos turbio. Cuando tu precipitación, tu falta de rigor y tu mal criterio a la hora de priorizar producen como efecto la muerte de personas, la consideración que obtienes a partir de ese instante es, a todos los efectos, la de compañia oficialmente peligrosa, que solicita mas vigilancia y dominio de lo que requerirían otras compañías diferentes. Con este tema, como con otros, Uber se dispone a verificar cual es el valor de haber construido una mala reputación.

Posiblemente, en el año 2023, tengamos taxis y vehículos autónomos voladores. Que sean desarrollados y gestionados por Uber o sean de otros que puedan haber demostrado mayor responsabilidad y sentido común en sus desarrollos, es ya una cuestión diferente.

 


Enrique Dans



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