Visiones del futuro de China… ¿o del mundo?

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Artículo de muy aconsejable lectura en The Wall Street Journal, titulado Twelve days in Xinjiang: how China’s surveillance state overwhelms daily life: el periódico envió un dispositivo de exploración a la región autónoma de Xinjiang, la provincia mas enorme al noroeste del país, de totalidad uygur y personaje de recientes conflictos secesionistas. En esta provincia, amparándose en la oportunidad de atentados y tensiones, el gobierno chino ha desplegado de forma experimental la mayor suma de tecnologias disponibles de supervisión y dominio de la población, convirtiéndola en un auténtico laboratorio.

La lectura resulta impresionante: el nivel de información solicitado a los residentes, que deben inscribirse en bases de documentos gubernamentales con todo tipo de detalles sociodemográficos que incorporan etnia, creencia religiosa, nivel de educación religiosa, numero de veces a la semana que se ejerce el culto, empleo, pasaporte, numero de viajes y contactos en el extranjero, edad, circuntancia de estabilidad social, familiares detenidos, etc., unido a la presencia de sistemas de identificación biométrica utilizados en todo el territorio para todo tipo de ocasiones comunes, desde simplemente caminar por la avenida hasta comprar recursos o servicios. Sistemas que escanean rostros y matrículas de vehículos, a los que se une una resistente supervisión del contenido de los smartphones y otros dispositivos. Simplemente adquirir un cuchillo exige que el vendedor, que esta obligado a poseer una maquina de impresión láser para poder venderlo legalmente, inscriba sobre la hoja del mismo un codigo QR con la identificación del comprador.

Relatos de la vida de ciudadanos en una comunidad que recuerda poderosamente al “1984” de George Orwell, y que refleja los importantísimos mejoras en este sentido que el gobierno del país esta siendo apto de llevar a cabo de cara al establecimiento de un férreo metodo de dominio de la población, mejoras que se ven también reflejados, dada la patente ausencia de legislación en este sentido, por iniciativas del sector privado como las que tienen lugar en la empresa del credito al consumo. Una comunidad en la que todo lo que haces, sea en la red o fuera de ella, es recogido, estudiado y procesado para comprender quién eres y qué pretendes: si paseas por la avenida o circulas por la carretera en tu coche, una cámara recogerá tu cara o tu matrícula y te identificará en menos de 3 segundos, para edificar un resumido mapa de tus hábitos, tus desplazamientos y asociarlos con tu comportamiento en la red, en donde una legión de individuos se encarga de suprimir todo vestigio de disidencia y reafirmar las creencias y las líneas marcadas por el gobierno.

Evidentemente, China no es una excepción en este tipo de temas. En practicamente todas las sociedades occidentales vivimos un avance de las tecnologias de supervisión derivada del desarrollo de una cultura del miedo, que se intenta justificar mediante la pelea contra rivales como el terrorismo, la pornografía infantil o la seguridad de los derechos de autor, como se vive también en determinadas teocracias árabes. El dilema no es, como tal, la progresiva implantación de estas tecnologías, sino el hecho de que su progresivo desarrollo este en manos de quienes en ningun instante se han planteado la obligación de un metodo de poderes y contrapoderes que ponga su uso bajo un cierto nivel de control. La tecnología esta pasando de ser la supuesta plataforma sobre la que edificar un metodo mas libre e igualitario, para suceder a brindar al poder establecido la oportunidad de mantenerse y pelear contra todo aquello que considere una amenaza.

Sin duda, Xinjiang es un laboratorio, un ensayo interesantísimo como tal. Experimentar las condiciones de vida en un territorio así, inclusive asumiendo que este sometido a tensiones y amenazas, es elemental para saber a dónde queremos o no queremos ir como sociedad. Gobiernos democráticos, llevados por la idea de que las libertades solo pueden construirse en un entorno que elimine determinadas amenazas, parecen estar siguiendo la tendencia marcada por regímenes no democráticos, y llevándonos a un futuro en el que la visión ofrecida por Xinjiang no es necesariamente privativa de China y de otras sociedades totalitarias, sino de todo el mundo. Una visión, además, que parece evolucionar sin ningun tipo de consenso social, sin un proceso de toma de decisiones colectivo que nos haga conscientes de hacia dónde nos estamos dirigiendo. Cuando le entendamos, es factible que sea demasiado tarde.

 


Enrique Dans



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